Floriana no pudo contenerse y le preguntó:
—¿Pensar bien qué?
Facundo la miró fijamente, con las pupilas contraídas.
—Si me vuelvo loco, ¿a quién crees que mataría primero?
Cuando Isabella llegó a la casa de Facundo, pensó que le costaría trabajo sacar a Floriana de ahí. Para su sorpresa, la encontró sentada en una banca del patio, esperándola.
—Pensé que Facundo te habría dejado unos guardias vigilándote.
Floriana negó con la cabeza, esbozando una sonrisa amarga.
—No, no lo hizo.
—Mejor así. ¿Ya empacaste tus cosas? Vamos ahorita mismo a la escuela por Carlota y de ahí nos vamos directito al aeropuerto.
—Yo... ya no me voy del país.
Isabella, que había entrado para ayudarla con el equipaje, se quedó paralizada al escucharla.
—¿No habíamos quedado en algo?
Floriana guardó silencio unos segundos.
—Ya hay que dejarlo así. No quiero más problemas.
—¿Cómo que dejarlo así?
—Facundo me quiere, y también quiere a Carlota. Podemos llevarnos bien. Ya no quiero seguir escondiéndome ni huyendo; solo quiero una vida tranquila.
Isabella frunció el ceño y se sentó frente a ella.
—¿Te volvió a amenazar?
Floriana le tomó las manos a su amiga.
—No, es que ya lo pensé bien. Casarme con él no tiene nada de malo. Es el verdadero papá de Carlota y de verdad me ama. Así podré seguir con mi carrera. De todas formas, el amor ya no me importa, así que no pierdo nada.
—¿Qué fue lo que te dijo para dejarte tan aterrada?
—Bella —negó Floriana—. En serio ya me resigné. Es la vida que quiero.
Isabella dejó escapar un largo suspiro.
—No me importa qué te haya dicho, no le tengas miedo. Jairo puede encargarse de él.


VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...