Martina abrió los cajones y buscó de arriba a abajo. Al principio pensó en llevarse un encendedor, pero parecía nuevo, casi sin usar; obviamente, no conservaría mucho del aroma de él.
Notó un sobre de manila, y parecía que debajo había algunas fotografías.
«¿Y si me llevo una de sus fotos?», pensó.
Sí, era una buena idea.
Con eso en mente, sacó las fotos que estaban hasta abajo. Sin embargo, al ver la primera imagen, se quedó helada. Era la foto de una mujer con un estilo bastante extravagante: llevaba una blusa sostenida apenas por un par de tiras finas que solo le cubría lo indispensable en el pecho, y una minifalda tan corta que, al caminar, se le alcanzaba a ver parte de los muslos.
Tenía un maquillaje muy cargado, el cabello rojo alborotado y las uñas pintadas de negro. En la imagen, estaba jalando de la corbata a un hombre maduro con una actitud bastante provocativa.
Y esa mujer no era nadie más que ella misma.
Con las manos temblorosas, Martina hizo a un lado esa foto. La siguiente también era suya. En diferentes lugares, con distinta ropa, pero con el mismo estilo atrevido propio de la zona roja, seduciendo a diferentes hombres...
Una por una. Todas las fotos eran suyas.
Martina se tapó la boca. Romeo sabía perfectamente lo que había hecho en Canadá. Lo sabía todo. Y como esas fotos eran de hace tres años, significaba que se había enterado desde entonces.
¿Qué opinión debía de tener sobre ella?
Con razón le había pedido que se hiciera aquellos estudios médicos, así que era por eso...
Al pensarlo, le temblaron las manos y las fotografías cayeron esparcidas por el suelo.
Tardó un buen rato en recuperar la calma. Se puso en cuclillas para recoger las fotos. Él ya lo sabía desde antes. Seguramente le daba asco, y la verdad es que ella ya lo presentía. Aunque él se entregaba a la pasión con intensidad, también solía mirarla con un profundo resentimiento.

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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...