Ante los reclamos de Lorena, Vanesa se quedó callada por completo.
Mantuvo la cabeza gacha, sin moverse ni un milímetro.
En ese preciso momento, la voz de Valerio resonó por toda la sala:
—Diego, tráelo.
Diego asintió con una leve reverencia y salió a paso rápido; en tan solo un par de minutos, regresó junto con un grupo de guardias, trayendo al hombre que tenían retenido desde antes.
Erika miró al recién llegado; era exactamente el mismo sujeto de las fotos, el que estaba haciendo el trato con Carla.
¿Diego había logrado agarrar a este tipo también?
Se veía que Valerio ya había destapado toda la trampa que le pusieron para meterla a la cárcel.
Erika se quedó quieta, observando cómo Diego sacaba las fotos del maletín sobre la mesa y se las enseñaba al sujeto.
Diego le ordenó:
—Repite lo que nos dijiste. Quién te pagó y qué fue lo que te pidió que hicieras. Suéltalo todo.
El hombre dio un vistazo nervioso por la sala y empezó a hablar con timidez:
—Fue... —Justo al cruzar miradas con Lorena, desvió la vista de inmediato hacia Vanesa, apuntándola con el dedo—: ¡Fue ella! Ella me pagó para hacerme pasar por fotógrafo y comprarle la información de Estudio Lumina a Carla; me dio doscientos mil pesos en total, y luego me dijo que presionara a Carla para que le echara la culpa a una tal Erika. Eso fue todo.
Diego frunció el ceño y estaba a punto de hablar, pero Valerio lo cortó a tiempo:
—Diego, ve por los oficiales.
Diego miró a Valerio desconcertado, pero asintió rápido.
Mientras salía, trataba de entender la actitud de Valerio.
Diego le daba vueltas al asunto sin hallar respuestas; cuando hablaron en el estudio, le había dejado claro a Valerio que el hombre había señalado a Lorena como la culpable.

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