La reportera de espectáculos le había llamado a Jimena con la única intención de provocar un escándalo.
Sin embargo, nunca imaginó que Jimena respondería a sus preguntas con tanta calma y una indiferencia casi gélida.
Se quedó atónita por unos instantes, pero intentó armarse de valor para seguir interrogándola con descaro.
Pero Jimena, con voz serena, se adelantó:
—Hasta luego.
Al terminar la frase, la llamada se cortó.
La reportera se quedó muda, sosteniendo el teléfono en el aire.
Las preguntas que había formulado habrían destrozado a cualquier otra esposa en su posición, provocando una explosión de rabia.
Pero Jimena se mantuvo fría todo el tiempo. Jamás cayó en la trampa.
Como no permitió que sus emociones la dominaran, fue imposible sacarla de sus casillas.
Irónicamente, la que terminó perdiendo los estribos fue la reportera.
Después de todo, no todas las esposas aceptan hablar con la prensa. Ella había tenido la enorme suerte de que Jimena contestara, pero desperdició esa oportunidad de oro al no lograr que perdiera la compostura.
Si Jimena no mostraba ninguna emoción, el reportaje no tendría morbo. Lo que vendía era ver a las esposas enloquecer, gritar insultos y hacer un drama; eso era lo que encendía a la opinión pública.
Apretó los dientes y volvió a marcar el número.
Pero esta vez, Jimena no contestó.
Intentó llamar una y otra vez, pero la línea sonaba ocupada permanentemente. Ya no pudo comunicarse.
Ella había sido la única reportera esa noche a la que Jimena le había tomado la llamada.
Cuando le llevó la grabación a su jefe, este la puso como lazo de cochino.
—¿Esa es tu forma de preguntar? —le gritó—. ¡Te dije que fueras al grano, directo a la yugular!

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Traición en Vísperas de la Boda
Me gustaría saber cuántos capítulos faltan y cuando los publicará...