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La Traición en Vísperas de la Boda romance Capítulo 1255

Poco después, lograron sacar a Jimena y al conductor de entre los fierros retorcidos.

Al chofer del camión también lo sometieron los presentes.

A cierta distancia, Regina observaba el pánico absoluto de Federico, sintiendo cómo se le hacía un nudo en el estómago.

En todos los años de conocerlo, nunca lo había visto en un estado de tanta desesperación.

Si Jimena no le importara, jamás habría perdido el control de esa manera.

Se quedó petrificada en su sitio mientras las lágrimas le rodaban en silencio.

Sabía que, para Federico, ella había dejado de existir hacía mucho tiempo.

Pero...

No podía resignarse a perderlo.

Observó, con un nudo en la garganta, cómo Federico se llevaba a Jimena rumbo al hospital.

De repente, la vista se le nubló y cayó al suelo desmayada.

—¡Regina!

—¡Regina! ¿Estás bien?

Hubo otra ola de caos entre la gente.

***

En el hospital.

Cuando Jimena recobró el conocimiento, tenía la cabeza vendada.

Al abrir los ojos, sintió un fuerte mareo. Le tomó varios minutos estabilizarse y acostumbrarse a la luz.

—¿Despertaste? ¿Te duele mucho la cabeza?

Preguntó Federico, asomándose en su campo de visión apenas la vio reaccionar.

Jimena intentó levantar una mano.

Federico se apresuró a tomarla entre las suyas con delicadeza.

—Tranquila, aquí estoy.

—Ya envié a mi gente a investigar lo del accidente. No te preocupes por nada, me encargaré personalmente de que todo se resuelva.

Jimena no dijo nada; simplemente fijó la mirada en cómo él le apretaba la mano.

Al darse cuenta, Federico aflojó el agarre de inmediato.

—¿Te lastimé?

Jimena negó con la cabeza y murmuró:

Federico tomó una servilleta, le secó la comisura de la boca con delicadeza y respondió:

—No hay de qué.

Su trato tan íntimo y natural la hizo tensarse. Se le quedó viendo a las manos sin decir una sola palabra.

Federico también notó que, al limpiarle los labios, sus dedos habían rozado una piel increíblemente suave.

Eso le trajo a la mente la sensación de haberla besado en el elevador aquel día. Se le enrojecieron las orejas y el ambiente entre ambos se volvió repentinamente extraño.

Federico se aclaró la garganta para cambiar de tema.

—En San Miguel Antiguo ya se enteraron de todo.

—Tu hermana y su esposo ya vienen en camino. Mandé al chofer para que los recoja cuando lleguen.

Jimena asintió y murmuró con voz débil:

—Te agradezco las molestias.

—Somos esposos, no tienes que ser tan formal conmigo —repuso Federico.

—Además, este accidente tiene que ver con la filial de Entretenimiento y Futuro S.L.

Al escuchar eso, Jimena levantó la vista hacia él.

—¿Ya averiguaron algo entonces? ¿Fue obra de la familia Serrano?

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