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La Traición en Vísperas de la Boda romance Capítulo 1256

Federico asintió: —Yo me haré cargo de todo esto.

Ella soltó un ligero sonido de afirmación y no indagó sobre cómo pensaba resolverlo.

El silencio volvió a reinar en la habitación.

Poco después, alguien se asomó por la puerta y lo llamó.

—Federico...

Jimena miró en esa dirección y reconoció a uno de sus excompañeros de clase, que lucía indeciso.

Federico frunció el ceño y le murmuró a Jimena:

—Saldré un momento, ahorita vuelvo.

Ella asintió y contestó: —Está bien.

Él salió y cerró la puerta tras de sí con suavidad.

Sus voces quedaron inaudibles desde el interior de la habitación.

Jimena se quedó recargada en la cama con tranquilidad.

No supo cuánto tiempo pasó.

La puerta se abrió de nuevo.

Eran Petra y Benjamín Hurtado.

Después de un tiempo sin verse, el embarazo de Petra ya era bastante evidente.

Caminaba con mucha prisa, mientras Benjamín la miraba con suma preocupación, extendiendo los brazos a cada rato para evitar que tropezara.

—¡Hermana!

—¿Cómo estás? ¿Te duele mucho? ¿En dónde te lastimaste?

Apenas llegó a su lado, a Petra se le llenaron los ojos de lágrimas; su preocupación y cariño eran innegables.

Jimena le sonrió para tranquilizarla y negó con la cabeza.

—No me pasó nada grave, solo algunas contusiones musculares. Unos días de reposo y estaré como nueva.

Petra tenía la mirada empañada por las lágrimas.

Le sostuvo las manos sin decir una palabra durante un buen rato.

Jimena le dio unas suaves palmadas en el dorso de la mano para calmarla.

El Grupo Calvo apenas acababa de superar su peor crisis.

Si decidían devolverle el dinero a la familia Núñez en ese preciso momento, la empresa volvería a caer en bancarrota.

Además, si rompían su relación con ellos de esa forma, todos en el medio las tacharían de malagradecidas.

Si el grupo volvía a tener problemas en el futuro, ¿quién querría tenderles la mano?

Petra comprendía toda esa lógica, pero ver a su hermana postrada en una cama de hospital le rompía el corazón.

Al verla llorar de esa forma con su enorme barriga, Jimena alzó la mano y le secó las lágrimas.

—Ya no llores.

—Te digo que estoy bien. Si sigues llorando, la que se va a deprimir seré yo.

Al escuchar eso, Petra apartó el rostro y se limpió rápidamente con las manos.

Sabía que a Jimena no le gustaba escuchar lamentos, así que optó por tragarse sus palabras.

Al ver su expresión terca, a Jimena se le dibujó una sonrisa en los labios e intentó cambiar el tema.

—La última vez que viniste andaba tan ocupada que se me olvidó preguntarte... ¿Para cuándo está programado el parto?

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