—Faltan cuatro meses —contestó Petra con voz apagada.
—Va a nacer justo en julio.
Jimena asintió con una leve sonrisa: —El tiempo vuela. La niña que antes me seguía a todos lados ahora también será mamá.
Había un deje de nostalgia en su voz. Entonces, recordó a Belinda.
—¿A Belinda ya le falta poco, no?
Petra asintió.
—Sí.
—En estos días da a luz.
—Esa muchacha me ha ayudado muchísimo durante todos estos años. Vete a hacerle compañía estos días y mándale mis saludos —le pidió Jimena.
Belinda siempre había sido intrépida, pero no dejaba de ser una joven criada entre algodones.
Dar a luz era algo sumamente fuerte; si no tenía a alguien de confianza a su lado, seguro estaría muerta de miedo.
Cuando Federico entró, encontró a Jimena platicando muy animada con Petra.
Solo con su familia Jimena mostraba esa sonrisa tan dulce y cálida.
Él se quedó embelesado observándola por unos segundos.
Sin embargo, apenas puso un pie dentro, las risas se detuvieron de golpe.
Eso lo hizo sentir un poco excluido.
Petra no lo miró con muy buena cara, pero, por respeto a su hermana, lo saludó secamente: —Cuñado.
Federico le hizo un gesto de reconocimiento, caminó hasta la cama de Jimena y preguntó:
—¿Tienes hambre? Ya pedí que te prepararan comida y la trajeran de la casa.
Jimena negó con la cabeza: —Todavía no.
—Bueno, comes al rato —dijo Federico.
Jimena asintió sin añadir nada más.
Al final, Benjamín le propuso a Federico salir un rato a caminar para dejar que las hermanas platicaran a solas. Solo así se rompió la enorme tensión que había en el cuarto.
Apenas salieron al pasillo, las puertas del elevador se abrieron, revelando a Regina en bata de paciente.
Al ver a Federico, caminó directo hacia él.
—Federico, me dijeron que tú pagaste los gastos de mi hospitalización.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Traición en Vísperas de la Boda
Garrada num ódio dessa Regina… quero que Jimena esmague ela com a ponta do sapato....
Me gustaría saber cuántos capítulos faltan y cuando los publicará...