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La Traición en Vísperas de la Boda romance Capítulo 1312

Con una expresión de total indiferencia, Jimena pasó por un lado de Federico y caminó directo hacia su habitación.

Al verla tan distante, una emoción difícil de descifrar cruzó por los ojos de Federico, pero de inmediato fue tras ella.

—Jimena, yo...

Jimena se detuvo en seco.

Federico también se frenó de inmediato justo a sus espaldas.

Jimena se dio la vuelta, paseó su mirada por Federico antes de clavarla en Violeta, que estaba a unos pasos, y habló sin prisas:

—Resérvale una habitación al señor Núñez para que deje su maleta.

Violeta asintió en el acto.

—Enseguida, señorita Calvo.

Federico no supo qué decir ante la rapidez del asunto.

Que Violeta aceptara con tanta disposición le cayó como patada en el estómago a Federico.

Federico miró de reojo a Violeta, que ya estaba hablando por teléfono con la recepción del hotel, y luego se dirigió a Jimena.

—¿Por qué no nos quedamos en la misma habitación? Podríamos ahorrarnos ese dinero.

Jimena lo miró sin inmutarse.

—Señor Núñez, no creo que esté en una situación tan precaria como para tener que andar ahorrando en un cuarto de hotel.

Violeta, que ya había terminado de hablar con recepción, escuchó la conversación y se armó de valor para meter su cuchara.

—Así es, señor Núñez.

—Con lo generoso que es usted, mandando cientos de miles de pesos a la cuenta del hospital sin pensarlo, pagar unos mil pesos por un cuarto no debería de ser un problema.

Federico se quedó en blanco.

Tenía unas ganas inmensas de decirle que se callara la boca.

Pero luego recordó que Violeta no solo había sido la dama de honor en su boda, sino que también era la asistente personal y mano derecha de Jimena.

Si le hacía una grosería a Violeta, se estaría metiendo directamente con Jimena.

—Jimena, ya no me voy a meter en los asuntos de Regina —dijo Federico.

—Esta vez vine porque...

Ni siquiera pudo terminar la frase. Lo único que le respondió fue el sonido de la puerta cerrándose en su cara.

La respuesta era más que obvia.

Jimena jamás había pensado en tener una relación en serio con él.

Todo este tiempo se había estado haciendo ilusiones él solo.

Él creyó que, por el simple hecho de haberle entregado su primera vez y permitirle pasar la noche en su habitación, ella ya lo había aceptado.

Pero la realidad era otra.

Federico respiró hondo, sintiendo una ligera punzada en el corazón al inhalar.

Miró fijamente la puerta cerrada, sintiéndose de pronto completamente impotente frente a ella.

Ahora que Jimena estaba encerrada en su cuarto, a Violeta se le habían quitado las ganas de seguir haciéndose la chistosa a solas con Federico.

Pasó con mucho cuidado por un lado suyo, y al sentir la pesada vibra que emanaba de él, no pudo evitar echarle un vistazo de reojo.

Pero con ese simple vistazo, se dio cuenta de que Federico tenía los ojos llorosos.

El hombre seguía plantado frente a la puerta de Jimena como una estatua, con una expresión de total derrota. Violeta se quedó mirándolo un buen rato, y sin que él se diera cuenta, levantó sigilosamente su celular.

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