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La Traición en Vísperas de la Boda romance Capítulo 1351

Federico no se detuvo ahí. Se le fue encima y le soltó un par de puñetazos. Al ver que estaba perdiendo el control, Jimena corrió a agarrarlo del brazo.

—Ya basta —le pidió—, estoy bien. No vayas a cometer una locura.

Federico apretaba los dientes, con la mandíbula tensa, mientras miraba a Gonzalo con puro hielo en los ojos. El alcalde ni siquiera se atrevía a sostenerle la mirada; solo se cubría la cabeza con los brazos. Cuando se dio cuenta de que no le lloverían más golpes, empezó a suplicar:

—Señor Núñez, ya entendí. Le juro que no lo vuelvo a hacer.

Él creía que, como Jimena y Federico se habían divorciado y a ella la habían mandado a la sucursal de Colonia Sur Verde, ya estaba marginada de la familia Núñez. Federico lo miró con evidente desprecio.

—Ay, Gonzalo, no se te olvide cómo fue que llegaste a donde estás. Si tantas ganas tienes de arruinarte la vida, hay fila de cabrones esperando tomar tu puesto.

Gonzalo se puso pálido como el papel y asintió frenéticamente.

—Lo sé, lo sé, fue un error, señor Núñez. Le ruego que me perdone, no me guarde rencor. Le juro que esto no vuelve a pasar.

Federico se puso de pie. Jimena aprovechó para pasarle una servilleta. Él la tomó y se limpió la sangre de los nudillos despellejados antes de voltear a verla.

—¿Para qué lo invitaste a cenar hoy?

Estando frente a Federico, Jimena no intentó ocultar nada y fue directo al grano:

—Había un proyecto del que no nos autorizaban los documentos. Pregunté por todas partes y me enteré de que la delegación lo tenía retenido, pero nunca nos dijeron cuál era el problema. Por eso invité a cenar al señor Gonzalo, quería saber dónde estaba el detalle.

Federico le lanzó una mirada de reojo a Gonzalo, a quien sus guardaespaldas ya estaban ayudando a levantarse. Al ver los ojos afilados de Federico sobre él, al alcalde se le fue el color de la cara.

Antes de que Gonzalo pudiera contestar, Violeta saltó desde un lado:

—Ahorita, en la cena, el alcalde nos confesó que fue Octavio quien le marcó para decirle que "cuidara mucho" a la señorita Calvo. La verdad, no sé qué le hizo mi jefa al señor Octavio para que estuviera dispuesto a fregar a la empresa nomás para ponerle el pie.

Gonzalo respingó y se apresuró a decir:

—¡Entonces me regreso a la oficina a echar horas extras! Ahorita mismo queda.

Federico levantó la muñeca para mirar su reloj.

—Tienes media hora. Espero buenas noticias cuando acabe el tiempo.

Al escuchar eso, la cara de Gonzalo se desencajó por completo.

—Ahorita mismo lo resuelvo, ahorita mismo —dijo, apresurándose a salir con su gente sin atreverse a quedarse un segundo más.

Era el colmo de la mala suerte. Jimena y Federico ya estaban divorciados, pero resultaba que el hombre todavía le seguía cubriendo las espaldas. Le había tocado perder al provocar la furia de Federico.

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