Frida trató de recordar.
—Me dijo que… él no quería renunciar, que por eso discutieron y que hasta le rompieron un hueso. Y que luego tú llamaste a un amigo tuyo de la policía. ¿Fue así?
Frida no tenía idea de que su adorada hija tuviera contactos en la policía.
Almendra soltó una risa gélida. Tal como lo imaginaba, Néstor y su esposa no le habían contado toda la verdad a su madre.
—Claro que no. Patricio entró a mi oficina sin permiso e intentó sobrepasarse conmigo. Por eso llamé a la policía. Los oficiales simplemente están haciendo su trabajo, aplicando la ley.
—¿¡Qué!?
—¿¡Qué!?
Esta vez, no solo Frida se quedó en shock. Fabián, que estaba escuchando de reojo, sintió una furia helada recorrerle el cuerpo.
¿Quién era el imbécil que se había atrevido a ponerle una mano encima a su mujer? Estaba buscando la muerte.
En ese instante, cien formas distintas de acabar con él pasaron por la mente de Fabián.
La furia de Frida, una vez superada la sorpresa inicial, no fue menor que la de Fabián.
—¡Almendra, ¿cómo que ese bastardo de Patricio intentó hacerte algo?!
—Sí. Pero no te preocupes, no llegó a tocarme ni un dedo. Sin embargo, lo que hizo fue premeditado y merece un castigo.
—¡Patricio es un descarado! ¿Quién se cree que es para atreverse a mirar a mi hija? ¡Y Olga! ¡Qué decepción tan grande! Y yo que la consideraba mi mejor amiga… ¡y me ha estado engañando todo este tiempo!
Frida se sentía profundamente traicionada. Siempre había tratado a Olga como a una hermana, entregándole su confianza y apoyo incondicional a ella y a su familia. ¿Y así le pagaba?
Ya era suficiente con que se hubieran aprovechado de ella para obtener beneficios económicos, ¡pero ahora se atrevían a meterse con su hija! ¡Era el colmo!
—Mamá, no te enojes tanto. Según lo que he investigado, la familia de Néstor ha estado malversando fondos y actuando como si la empresa fuera suya. Han cometido sobornos y abusos de poder. Además, los informes financieros tienen irregularidades desde el principio. Pienso llegar al fondo de todo esto.
—¿Qué dices? —La noticia dejó a Frida aún más atónita.



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