La fundadora de CASA ALMA, conocida respetuosamente como la maestra Alma, era una mujer increíblemente talentosa y misteriosa. Su marca se había convertido en un fenómeno global, un símbolo de estatus en todos los rincones del mundo.
El mayor sueño de Cintia era, algún día, tener su propia marca de diseño, tan querida y admirada como la de la maestra Alma. Sabía que era casi imposible, pero una persona siempre necesita tener una meta en la vida, ¿no?
—¿Quieres que te den la planta lo más pronto posible?
—¿Eh? —Cintia se quedó helada. ¿Acaso la señorita Almendra estaba insinuando que le daría un puesto por palancas? No, eso no estaba bien. Un contrato de planta se ganaba con mérito propio.
—Actualmente se lleva a cabo la fase nacional del Concurso Internacional de Diseño de Moda.
Si te inscribes ahora, todavía alcanzas a participar. Si logras clasificar en la eliminatoria nacional, tendrás la oportunidad de ir a la final en Francia. Con solo llegar a la final, sin importar el lugar que obtengas, la empresa te dará la planta de inmediato y te promoverá a diseñadora titular.
—¿¡De verdad, señorita Almendra!?
Cintia sabía perfectamente de qué concurso hablaba. Se moría de ganas de participar, pero cuando lo mencionó en el departamento de diseño, se burlaron de ella. Le dijeron que una recién egresada, una simple asistente en prácticas, no tenía nada que hacer ahí. Que si se inscribía, solo iría a hacer el ridículo y a dejar en mal a la empresa.
Y ahí se quedó su sueño.
Pero ahora, la señorita Almendra no solo la estaba animando a participar, sino que le ofrecía un puesto de diseñadora titular, no de asistente, si lograba clasificar. ¡No cabía en sí de la emoción!
—Sí. Esta misma tarde enviaré un comunicado al departamento de diseño. Que gane el mejor. Échale ganas.
Al salir de la oficina de Almendra, Cintia sentía que podía volar. ¡Era increíble! ¡La mejor noticia del mundo! Sintió cómo regresaba esa energía, esa pasión que la hacía querer dibujar toda la noche sin parar.
Desde que se graduó y entró a Textil Velox, se había sentido cada día más desmotivada y apática. Todo gracias a la señorita Almendra. ¡Ella era su ángel de la guarda!
***
A las dos y media de la tarde, justo al comenzar el turno vespertino, Almendra emitió dos comunicados internos que cayeron como una bomba en Textil Velox.
Néstor y Olga, mientras tanto, estaban desesperados tratando de sacar a su hijo de la cárcel.



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