A Rodrigo, que estaba de muy buen humor, se le borró la sonrisa de la cara.
—¡¿Cómo que por qué?!
—No lo sé, director. En los últimos dos días, más de diez de nuestros socios han roto relaciones con nosotros y ya no quieren invertir. Director, ¿qué vamos a hacer?
En solo dos días, habían perdido a la mitad de sus socios e inversores más importantes.
—¿Más de diez? ¡¿Cómo es posible?! —exclamó Rodrigo, alarmado.
—Director, se lo dije por teléfono, pero usted me contestó que no eran importantes y que no lo molestara.
Rodrigo recordó que, con la enfermedad de su hijo, no había tenido tiempo para la empresa. CASA ALMA era su socio más crucial, por eso le había prestado especial atención. ¿Pero más de diez empresas habían cancelado sus contratos? ¿Por qué?
—Director, hemos perdido demasiados clientes e inversores. Si no hacemos algo pronto, la empresa se va a quedar sin fondos.
—¡Eso ya lo sé! Mañana mismo voy a la empresa. No, ¡mañana voy a las oficinas de CASA ALMA a preguntar qué está pasando!
Podía permitirse perder a los demás, pero CASA ALMA era una marca de renombre internacional. Si perdían su apoyo, no quería ni imaginar las consecuencias.
—¿CASA ALMA ya no quiere trabajar con nosotros?



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