—¡Es una calumnia, oficial! ¿Cómo íbamos a hacerle daño a nadie? ¡Lo dicen para librarse de la culpa! Hacer daño es un delito. ¿Por qué íbamos a arriesgar nuestra buena vida para meternos en problemas?
Olga se negaba a admitir que habían contratado a los matones. Insistía en que todo era un malentendido y no paraba de pedir que la dejaran llamar a Frida, diciendo que ella podía demostrar su inocencia.
Almendra se rio para sus adentros. Incluso en esa situación, Olga no cambiaba y seguía usando a su madre como escudo.
Néstor era aún más hermético. Se limitaba a decir que no había contratado a nadie para hacerle daño a Almendra, que solo quería hablar con ella. De lo demás, no decía ni una palabra.
Almendra le pidió a Kevin los celulares de Néstor y Olga, y descubrió que eran nuevos.
—Qué precavidos —dijo con una sonrisa fría—. ¿Hasta se deshicieron de los celulares viejos para borrar las pruebas?
Néstor desvió la mirada.
—No sé de qué hablas. El otro celular se rompió, así que tuve que cambiarlo.
—Intentaron hacerle daño y luego huyeron con una fortuna. Si confiesan ahora, la sentencia podría ser más leve. Si esperan a que la policía lo demuestre, se pasarán el resto de su vida en la cárcel.
Eso enfureció a Néstor.
—¡No tienes pruebas, solo estás difamando! ¡Puedo demandarte por calumnias!
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