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Los Secretos de la Hija Recuperada romance Capítulo 167

Olga se arrodilló y comenzó a golpear la cabeza contra el suelo una y otra vez, hasta que la frente se le enrojeció y empezó a sangrar.

Al verla recurrir de nuevo a su teatro para ganarse su compasión, Frida soltó una risa gélida.

—¿De verdad crees que ese truco todavía funciona conmigo?

—Frida, yo… yo te pregunté qué relación tenías con Almendra, pero nunca me dijiste que era tu hija biológica. Si me lo hubieras dicho, no nos habríamos atrevido a tocarla.

—¿Ah, sí? ¿O sea que ahora la culpa es mía?

—¡No, no, no quise decir eso! Frida, ¡buaaa!, pensé que de verdad era tu ahijada. Tenía miedo de que corriera a mi hijo, de que descubriera nuestras estupideces en la empresa… por eso perdí la cabeza. Frida, lo siento, te fallé… ¡buaaa!

Antes, a Olga le bastaba con llorarle un poco a Frida para que esta, con su buen corazón, le concediera lo que quisiera.

Frida frunció el ceño.

—¿Qué ahijada? ¿Cuándo te dije yo que Alme era mi ahijada?

Olga se quedó helada.

Miró fijamente a Frida y a Almendra durante un largo rato hasta que, de pronto, comprendió. Ella y Néstor habían caído en la trampa de Betina.

Nadie fuera de la familia sabía que Betina no era la hija biológica de los Reyes, y cuando estuvieron en su casa, Betina no mencionó ni una palabra al respecto.

Era evidente que Betina los había engañado a propósito.

¿Por qué?

—¡Fue Betina! Frida, ¡fue Betina quien me dijo que Almendra era tu ahijada y que lo mantuviera en secreto! ¡Nos engañó y por eso, en nuestra desesperación, se nos ocurrió hacerle daño! Si yo hubiera sabido que Almendra era su hija biológica, ¡ni con mil vidas me habría atrevido a tocarla!

Pero ya era tarde.

Habían sido demasiado impulsivos, se habían tragado el cuento de Betina de que Almendra era solo una muchachita de pueblo a la que Frida y Simón habían apadrinado por haber salvado a Yago.

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