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Los Secretos de la Hija Recuperada romance Capítulo 188

—Él te necesita ahora. ¡Solo tú puedes salvarlo! ¿De verdad tienes el corazón tan duro como para dejarlo morir?

¿Hermano?

A Susana le pareció una burla.

Un hermano con el que no había cruzado ni media palabra, ¿y lo primero que quiere de ella es un riñón?

Vivió dieciocho años con los Borrero. Por más que sufrió, por más golpes que recibió de su padre adoptivo, Ulises, él al menos nunca le pidió que vendiera su sangre o sus órganos.

¿Y sus supuestos padres biológicos?

Resultaban ser peores que Ulises.

—Toda cirugía tiene riesgos. ¿Y si me muero? —replicó Susana.

Valeria se secó las lágrimas al instante y le aseguró:

—¡Susana! Jamás permitiríamos que algo así pasara. ¿Por qué crees que insistimos tanto en conseguir a El Santo? Tu doctor Wilfredo lo dijo: si El Santo los opera, la cirugía de ambos será un éxito total, sin riesgos. Para nosotros, los dos son igual de importantes. Si no fuera porque la vida de tu hermano pende de un hilo, jamás te pediríamos esto. Susana, tú eres una niña sensata. Entiendes a tu papá y a mí, ¿verdad?

El corazón de Susana se congeló.

Así que, de una forma u otra, no tenía opción. Tenía que donar el riñón.

—Y si… ¿no quiero?

Al escuchar esas palabras, la expresión de Valeria se endureció.

La tensión en el aire se podía cortar con un cuchillo.

La mirada de Valeria le decía que, aunque no quisiera, encontrarían la forma de quitarle el riñón para dárselo a Braulio.

Después de todo, él estaba en terapia intensiva, esperando para salvar su vida.

Al ver que Susana finalmente cedía un poco, una sonrisa apareció en el rostro severo de Valeria.

—Susana, sabía que eras una niña sensata. Entiendo que te haya tomado por sorpresa que esa malcriada de Almendra soltara todo así, sin prepararte. Es normal que te cueste aceptarlo. Tu cara aún no se recupera, no puedes salir. Vuelve a tu cuarto, descansa y piénsalo bien. En la noche, cuando regrese tu papá, tendremos que definir la fecha de la cirugía.

Una sonrisa irónica se dibujó en los labios de Susana. ¿Era una forma sutil de decirle que ni se le ocurriera escapar?

—De acuerdo —asintió, y sin decir más, se dio la vuelta para ir a su habitación.

—¡Susana! —la detuvo Valeria de repente, con tono solemne—. Si aceptas, tu papá y yo te compensaremos con una gran dote. Tendrás una boda magnífica, y te aseguro que la familia Valdés no te menospreciará en lo más mínimo. Tu hermano te estará eternamente agradecido por salvarle la vida. Y en el futuro, aunque te cases, la familia Farías siempre será tu respaldo más fuerte.

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