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Los Secretos de la Hija Recuperada romance Capítulo 272

Almendra se sintió muy conmovida y le sonrió a Gilberto.

—Gracias, Gilberto.

Gilberto le acarició la cabeza de nuevo.

—No tienes que agradecerme.

Fabián, que estaba a un lado, vio la montaña de regalos que Gilberto le había dado a Almendra y de repente sintió que los suyos eran demasiado insignificantes.

A fin de cuentas, solo le había regalado a Alme una pulsera de piedra estelar y un dije para sellar su amor.

¡Era muy, muy poco!

Gilberto le susurró a Almendra, en un tono que solo ellos dos podían escuchar:

—¿Ese tipo te trata bien? Si no, cancelamos el compromiso y te buscamos a alguien mejor.

No era de extrañar que Gilberto preguntara eso. La impresión que tenía de Fabián era la de un hombre frío como el hielo, totalmente incapaz de ganarse el corazón de una chica.

En los más de diez años que la familia Reyes y la familia Ortega llevaban comprometidas, las veces que había visto a Fabián se podían contar con los dedos de una mano. Cada vez que lo veía, tenía una cara de pocos amigos que lo hacía inaccesible, y ni hablar de cómo trataba a Betina; prácticamente no tenían contacto.

Él y sus hermanos siempre decían que alguien como Fabián estaba destinado a quedarse soltero.

Así que, ¿un hombre tan frío y sin idea de romance realmente podría hacer feliz a su hermana?

Al escuchar la pregunta de Gilberto, Almendra miró instintivamente hacia Fabián, luego esbozó una leve sonrisa y le respondió en voz baja:

—Sí, me trata bien.

Gilberto la miró con escepticismo.

—¿De verdad?

Almendra asintió.

—Sí.

Fabián de verdad la trataba muy bien.

Gilberto chasqueó la lengua y añadió:

—Alme, no te dejes engañar por su apariencia. Si no es atento y cariñoso contigo, la que va a sufrir en esa relación eres tú.

—Lo sé, pero de verdad es muy bueno conmigo —repitió Almendra.

Justo en ese momento, Almendra y Gilberto terminaron su conversación y se acercaron al escuchar la invitación de Simón y Frida.

—Tú también tuviste un día muy pesado. ¿Por qué no te quedas a cenar antes de irte? —dijo Almendra.

Gilberto solo miraba a Fabián con recelo, como si fuera su rival en el amor.

Al escuchar que hasta Almendra le pedía que se quedara, el corazón de Fabián se llenó de alegría y, con todo el descaro del mundo, asintió.

—Está bien.

Gilberto pensó: «Este tipo no tiene ni pizca de vergüenza».

***

Mientras tanto, en la residencia principal de Lomas de Santa Fe.

Betina estaba encantada de saber que Gilberto regresaba hoy. De sus cuatro hermanos, Gilberto era el más accesible. Desde pequeños, él era quien pasaba más tiempo en casa y con quien se sentía más cercana.

Se había arreglado desde temprano, esperando su llegada.

Y, sobre todo, esperaba con ansias el regalo que Gilberto le traería esta vez.

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