—¡Señorita Betina, el señor Gilberto y los señores regresaron, y también vino el señor Fabián!
Mientras Betina esperaba ansiosa, Liliana entró corriendo desde la puerta, con el rostro lleno de emoción.
Betina se levantó de un salto del sofá.
—¿De verdad? ¿Fabián también vino?
—¡Así es! También vi que el señor Gilberto hizo que los sirvientes bajaran muchos regalos del carro. Seguro son tesoros que te trajo de nuevo.
Liliana mencionó a todos los que vio, omitiendo deliberadamente a Almendra.
Al oír esto, Betina se emocionó tanto que salió corriendo hacia la puerta principal de la casa. Justo en ese momento, vio a Gilberto y Fabián caminando a cada lado de Almendra, protegiéndola como si fueran dos guardaespaldas imponentes.
Mientras tanto, Simón y Frida los seguían con una sonrisa, platicando y riendo. El ambiente no podía ser más agradable.
Betina se quedó paralizada en el acto, y la sonrisa se le congeló en el rostro.

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