Betina adoptó una actitud arrogante y engreída, como si estuviera en un pedestal, mientras Almendra era, a sus ojos, una hormiga insignificante.
«Ya verán», pensó, «el nombre de Betina pronto estará en los titulares de todas las noticias». Tantas universidades prestigiosas, incluso del extranjero, venían a pelearse por ella. Lástima que no quisiera estudiar fuera, solo le interesaba quedarse en el país, en la Universidad La Concordia o en la Universidad Central de Valparaíso. De lo contrario, podría considerar alguna de las ofertas internacionales.
Almendra le lanzó una mirada de absoluto desdén, pero no se molestó en responderle. En cambio, se dirigió a Simón y a Frida.
—Los esperaré aquí.
Al escucharla, Simón y Frida no quisieron forzarla y le dijeron con voz suave:
—Está bien, Alme, volvemos enseguida.
—Papá, mamá, ustedes acompañen a Betina. Yo me quedo aquí con Alme —dijo Gilberto.
Gilberto sentía que, incluso si el examen de este año hubiera sido excepcionalmente difícil, una calificación a solo 15 puntos de la perfección probablemente no bastaba para obtener el primer lugar nacional. Hay que considerar que el año anterior, Elías, el número uno de La Concordia y de todo el país, solo había perdido ocho puntos del puntaje total.
—De acuerdo, entonces saldremos a ver qué pasa.
—Papá, mamá, por favor, no anuncien públicamente mi relación con ustedes todavía —los detuvo Almendra de repente.
Últimamente, El Colmillo Negro y varias otras organizaciones la estaban buscando. Su verdadera identidad no podía ser revelada todavía, o traería muchos problemas.
Simón y Frida se quedaron perplejos.
—Alme, ¿por qué? Teníamos pensado anunciar tu regreso en cuanto tu abuelo saliera del hospital y organizar una fiesta de bienvenida con familiares y amigos.
Si no hubiera sido por el estado de salud del abuelo, ya habrían hecho pública la verdadera identidad de su hija.
Al oír esto, Betina apretó los puños. La emoción que sentía se desvaneció como si le hubieran echado un balde de agua fría.
«¡Esta Almendra lo hace a propósito! ¡Está usando su historia para acaparar la atención de mis papás! ¿Como le fue mal en el examen, ahora juega la carta de la lástima?»

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