Entrar Via

Los Secretos de la Hija Recuperada romance Capítulo 291

¿Vienen a buscar a la estudiante con el puntaje más alto? —preguntó Simón.

Betina, con una sonrisa amable y refinada, mantenía la espalda erguida mientras se aferraba suavemente al brazo de Frida, esperando el momento más glorioso de su vida.

El director de la Universidad Central de Valparaíso se adelantó.

—Señor Simón, todos hemos venido por la estudiante con el puntaje más alto.

Simón empujó suavemente a Betina hacia adelante.

—Supongo que ella es a quien buscan. Mi hija menor, Betina.

Betina, instintivamente, levantó su barbilla con arrogancia, mirando a la multitud desde arriba, esperando sus elogios y que se pelearan por ella.

Pero, para su sorpresa, en cuanto Simón terminó de hablar, la acalorada escena se sumió en un silencio sepulcral.

Todos estaban desconcertados.

«¿Betina? ¿No es ella la del puntaje perfecto que estamos buscando?»

—Disculpe, señor Simón, ¿qué calificación sacó la señorita Almendra? —preguntó el representante de la Universidad Central de Valparaíso.

Simón respondió con una sonrisa:

—Setecientos treinta y cinco puntos.

Betina enderezó aún más la espalda, como una princesa elegante y noble esperando su medalla de honor.

El representante de la Universidad Central de Valparaíso la miró con admiración.

—Señor Simón, usted y la señora Reyes son héroes y un ejemplo para el mundo de la educación. Tener cinco hijos con calificaciones sobresalientes en el examen de ingreso es algo que nos llena de admiración.

Si lograba que entraran a la casa, Almendra, esa estudiante mediocre, podría ver con sus propios ojos cómo las mejores universidades se peleaban por la mejor alumna del país.

Aunque era temprano, la mayoría de ellos llevaba corriendo de un lado para otro desde las seis de la mañana y estaban realmente sedientos.

Pero necesitaban aclarar las cosas primero. No se atreverían a tomar ni un sorbo de agua si la alumna estrella no estaba allí. Tenían que seguir buscando hasta encontrarla.

—Señor Simón, disculpe, ¿la señorita Almendra vive aquí? —preguntó primero el viejo profesor de la Universidad Central de Valparaíso.

Encontrar a la alumna con la calificación perfecta era un asunto urgente. El rector les había dado órdenes terminantes: tenían que conseguir que se inscribiera en su universidad, sin importar las condiciones que pusiera. ¡Todas, absolutamente todas, debían ser aceptadas!

Simón y Frida se quedaron helados.

El corazón de Betina dio un vuelco. Se dirigió al viejo profesor, nerviosa:

—Profesor, ¿para qué la buscan?

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Los Secretos de la Hija Recuperada