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Los Secretos de la Hija Recuperada romance Capítulo 342

¿Qué clase de espectáculo de circo era este?

—¡Liliana! —exclamó Betina, también sorprendida.

La caída de Liliana había sido aparatosa. Quedó completamente extendida en el suelo, como una estrella de mar, sintiendo un mareo intenso y un dolor tan agudo que parecía que su cuerpo ya no le pertenecía.

En ese momento, a Betina se le olvidó el dolor de su pie y de las quemaduras en su abdomen y muslo. Rápidamente, les gritó a las empleadas que estaban pasmadas a su lado: —¿¡Qué están mirando!? ¡Ayuden a Liliana a levantarse!

Helena se quedó quieta, al igual que Vanessa y las demás que la seguían.

Las pocas que estaban del lado de Liliana corrieron a ayudarla.

—¡Ay, Tania, con cuidado!

Liliana realmente se había lastimado. Sentía que se le habían roto los huesos.

—Liliana, ¿estás bien? —preguntó Betina, incrédula de que el vaso no solo le hubiera golpeado el pie, sino que también hubiera provocado la caída de Liliana.

—¡Ay, señorita Betina, yo… ay! —Liliana hacía muecas de dolor; por un momento pensó que se iba a morir del golpe—. Estoy bien. Señorita Betina, ¿y usted? ¿Se quemó?

Solo entonces Betina notó que las zonas quemadas por el agua hirviendo le dolían aún más, una sensación ardiente, como si la hubieran puesto al fuego.

—Yo… estoy bien.

No podía admitir frente a Almendra que se había quemado y que le dolía muchísimo.

—Qué bueno que no pasó a mayores. Después de todo, estamos en verano, ¿qué tan caliente podría estar el agua? Lástima que se desperdició el vaso, eso sí —dijo Almendra, sentada a un lado, con la actitud despreocupada y altanera de una jefa.

Helena, a su lado, comentó con indignación: —Menos mal que la señorita Almendra reaccionó rápido, si no, el agua le habría caído a ella.

Cualquiera con dos dedos de frente podía ver que la señorita Betina lo había hecho a propósito.

Si la señorita Almendra no hubiera sido tan ágil, ahora la herida sería ella.

¡Se lo tenía bien merecido!

¡Cosechó lo que sembró!

***

Cuando las dos subieron, Helena ordenó que limpiaran el desorden y se dirigió a Almendra con una sonrisa. —Señorita Almendra, su desayuno estará listo en un momento.

—De acuerdo.

Así era Almendra: yo no me meto con nadie, pero si alguien me provoca, le respondo diez veces peor.

Betina quería jugarle una mala pasada, pero todavía le faltaba mucho para estar a su nivel.

Después de desayunar, Almendra condujo hasta la empresa.

En los últimos días, la compañía había contratado a mucho personal nuevo. Los empleados antiguos, para no perder su trabajo, se estaban esforzando al máximo para mejorar sus habilidades y prepararse para la evaluación de personal, con la esperanza de quedarse, porque las condiciones laborales en Textil Velox S.A. eran excelentes.

—Notifica al departamento de diseño que en un momento daré una capacitación.

Almendra revisó los cambios de personal que Uriel le había entregado y dio la orden.

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