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Los Secretos de la Hija Recuperada romance Capítulo 343

Pronto, el equipo del departamento de diseño tendría su próxima competencia. Si lograban un buen resultado, podrían ir al extranjero a participar en un certamen internacional.

Cintia había estado trabajando sin descanso en sus diseños, estudiando una y otra vez el contenido de la última capacitación de Almendra. Tenía muchas preguntas que quería hacerle, pero Almendra parecía estar muy ocupada últimamente, a veces ni siquiera estaba en la empresa, y no se atrevía a molestarla.

Pero para su sorpresa, justo cuando todos se preparaban para empezar a trabajar, Uriel llegó para anunciar que Almendra en persona les daría una capacitación.

Al instante, todo el departamento de diseño estalló en un grito de emoción.

La reacción contrastaba enormemente con la de la primera vez que Almendra los capacitó.

Estaban a punto de competir de nuevo y realmente necesitaban la guía de un experto, y Almendra era la persona ideal.

Dolores también esperaba con ansias que Almendra pudiera orientarlos antes de la competencia. No esperaba que Almendra fuera tan considerada y realmente planeara capacitarlos.

Todos prepararon con entusiasmo sus cuadernos y, en poco tiempo, llegó Almendra.

Alta y esbelta, era como una perla, de una blancura radiante.

Su aura era tan fría, elegante y hermosa. Cielos, ¿cómo podía existir una chica tan perfecta?

—¿Están todos listos?

Su voz era tan agradable como el murmullo de un arroyo bajo la luz de la luna, cada nota parecía penetrar el alma.

—¡Listos, señorita Almendra!

—Bien, a la sala de juntas.

Todo el departamento de diseño siguió a Almendra a la sala de juntas. Cada uno tomó notas con diligencia, escuchando sus explicaciones e interactuando con ella.

Sentían como si se les hubiera abierto la puerta a un mundo nuevo; lo que Almendra les enseñaba era algo que nunca antes habían conocido.

Sin darse cuenta, pasaron dos horas volando, y todos se quedaron con ganas de más.

—Cuñada, ¿muy ocupada?

—Sí.

Mauricio se quedó sin palabras.

Justo cuando pensaba que el plan de la noche se había arruinado, escuchó a Almendra decir de nuevo: —Termino de trabajar y salgo. A las siete, nos vemos en algún lugar.

Mauricio se emocionó al instante. —¡Perfecto, cuñada! Entonces nos vemos en la misma pista de la otra vez, por allá hay menos gente.

—De acuerdo.

Cerca de las cinco, Fabián la llamó. —¿Cenamos juntos esta noche? ¿A qué hora terminas? Paso por ti.

Almendra hizo una pausa y le dijo sin rodeos: —Cena tú solo. Quedé con Mauricio y su equipo para correr en la noche.

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