Aurora y Natalia se presentaron de inmediato ante Elvira.
Aurora también era de la zona de La Concordia y su familia tenía buena posición, aunque claro, no se podía comparar con el trasfondo y poder de Elvira.
Natalia venía de Esperanza Rota, de una familia adinerada de allá. Sus parientes querían que estudiara en una universidad local, pero ella se había empeñado en venir a la Universidad Médica La Concordia.
Y tenía razón, aquí se concentraban los genios. Apenas llegando ya le había tocado Elvira, una celebridad médica, como compañera.
Al escuchar esto, Elvira miró hacia el balcón y preguntó:
—¿Y esa chica? ¿Cómo se llama? ¿De dónde es?
Aurora negó con la cabeza:
—Acabamos de llegar, no nos dio tiempo de presentarnos.
Natalia agregó:
—Sí, es verdad. Es guapísima, ¡es la chava más bonita que he visto en mi vida!
Aurora coincidió:
—¡Sí, sí! Yo creo que está más bonita que cualquier actriz.
Esos comentarios no le cayeron nada bien a Elvira.
Desde pequeña, y durante toda su etapa escolar, siempre había sido la reina de la belleza y el talento. Escuchar a Aurora y Natalia alabar a otra chica en su cara le molestó bastante.
Sin embargo, por el ángulo, solo le había visto el perfil a Almendra. Ya vería más tarde si realmente era tan bonita como para superarla.
Almendra no prestó atención a lo que decían y contestó la llamada en el balcón.
La voz grave y agradable de Fabián sonó al otro lado:
—¿Ya llegaste a la escuela?
Almendra asintió:
—Ajá.
—¿Ya acomodaste todo?
—En eso estoy.
—Paso por ti en la noche para ir a cenar.
Almendra arqueó una ceja:
—¿En la noche? Tengo que ir al laboratorio.
Ya había quedado con el señor Ocampo para verse en el laboratorio a las ocho.
Fabián refunfuñó:
—No dejaste que te llevara a la universidad, ¿y ahora tampoco tienes tiempo para cenar?
—Otro día.

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