—Este… abuelo, la verdad es que ella y yo… —balbuceó Mauricio, parpadeando.
¿Cómo iba a atreverse a ver a Almendra como una posible novia? Aunque por un instante se le cruzó la idea, después de verla derribar a Neil y sus amigos, solo sentía admiración por ella. Pensó que podrían ser buenos amigos, nada más.
—¡Ja, ja, ja! Sabía que ustedes los jóvenes se entenderían. Mauricio, ¡échale ganas, que el abuelo confía en ti! —dijo el señor Esteban, mirándolo con una ternura y una suavidad inusuales en su voz.
Mauricio, temiendo que su abuelo ya los viera casados, se apresuró a aclarar:
—Abuelo, no es lo que piensas. Ella es demasiado para mí, ¡no estoy a su altura!
Era consciente de sus limitaciones. Almendra no se fijaría en él.
—No me importa. ¡Uno de ustedes tres tiene que casarse con Alme!
Ante la sentencia del abuelo, Lorenzo le dio una palmada en el hombro a Mauricio.
—Tú puedes, Mauricio.
Si Mauricio se llevaba bien con la señorita Almendra de la familia Reyes, entonces él quedaba libre.
Fabián también se giró para mirarlo.
—Confío en ti.
Por muy increíble que fuera la señorita Almendra, no se comparaba con su doctora Alma.
—Oigan, no… ¡no pueden hacerme esto! —se lamentó Mauricio, al borde de las lágrimas.
El grupo llegó al Hospital de La Concordia y tomó el elevador VIP hasta el piso donde se encontraba Yago. Era la zona VVIP, con elevador privado y habitaciones cuyo costo diario empezaba en las cinco cifras.
Cuando Betina se enteró de que Esteban venía con sus tres nietos, llamó a Liliana para que le trajera un vestido. Eligió un vestido de princesa de un amarillo vibrante que resaltaba la blancura de su piel y le daba un aire aún más dulce y encantador.
—No es nada, mamá —dijo Betina, escondiendo las manos detrás de la espalda.
Frida le tomó las manos y vio una mancha roja en su muñeca pálida. Al instante, se olvidó del vestido.
—¡Ay, Betina! ¡Mira cómo tienes la mano! ¿Te pusiste algo? ¿Te vio un doctor?
—Es solo una pequeña quemadura, en un par de días se me quita.
—¡Claro que no! Las quemaduras duelen mucho.
—Mamá, mejor vamos a recibir al señor Esteban. Luego le pido a una enfermera que me traiga algo para la quemadura.
Simón estaba en la habitación con el abuelo, así que Frida y Betina esperaban en la puerta para recibir al señor Esteban.
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