Apenas tuvo tiempo de exhalar de alivio, cuando unas manos rodearon su cintura. El hombre la levantó y la sentó de un solo movimiento sobre la encimera de mármol del baño.
Antes de que Victoria pudiera procesar lo que pasaba, Saúl la agarró por la nuca y la besó con ímpetu.-
El fresco aroma a menta llenó su boca. Por puro instinto, ella quiso sujetarse del cuello de su camisa, pero sus manos solo encontraron la piel ardiente y firme de su pecho. Justo cuando quiso retirar las manos, él sujetó sus delgadas muñecas con la mano que tenía libre y las apretó contra su propio cuerpo.
Sus pestañas aletearon nerviosas. Al abrir los ojos, se topó con la mirada posesiva y casi depredadora del hombre, como si quisiera devorarla entera allí mismo.
La intensidad del beso hizo que Victoria abriera la boca sin darse cuenta. Él aprovechó para explorar hasta el último rincón, robándole el aliento. Saúl, luciendo muy complacido, murmuró:
—¿Sigues con sueño?
Los pies de Victoria temblaban ligeramente en el aire.
—¿Puedo cambiarme de ropa interior?
—¿Traes puesta? —Él enarcó una ceja; minutos atrás no había sentido nada de eso.
—Arriba no.
—Entonces, ¿qué quieres cambiar...? —Saúl dejó la pregunta en el aire al caer en la cuenta. Apoyó ambas manos en la encimera y sentenció—: Te cambias cuando terminemos.
Victoria interpuso sus manos para mantener cierta distancia.
—Entonces, necesito bañarme primero.
Saúl la observó en silencio, analizando su rostro, hasta que Victoria se apresuró a explicarse:
—Sé que es un bajón, pero si no me baño, no voy a poder dejar de pensar en eso. Soy un poco obsesiva con este tipo de cosas.
Él esbozó una leve sonrisa.
—¿Por qué me das tantas explicaciones? Estás en todo tu derecho de decirme que no si no quieres; no me voy a enojar por eso.
Victoria lo miró fijamente y dijo:
—En las películas y en las novelas, cuando no hay comunicación, siempre terminan en malentendidos que solo traen problemas. Pensé que lo mejor era dejarlo claro desde el principio.
Saúl pensó que su esposa resultaba ser una mujer muy curiosa, temerosa en exceso de ofender a los demás.
Bajó la vista para observarla. Victoria parpadeó. Sus ojos, envueltos en un brillo melancólico, resultaban hipnotizantes. A pesar de lucir como alguien acostumbrada a los caprichos de niña rica, su carácter resultaba entrañable; al menos a él, le caía bastante bien.
A Saúl le picaron las manos y terminó pellizcándole suavemente la mejilla.



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