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Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 1011

—En la cancha de tenis, es muy común que a uno le den un pelotazo y acabe con la nariz sangrando, o con un ojo morado.

Kiara curvó sus labios rojos y, bajo sus espesas pestañas, asomó una sonrisa maliciosa.

—Le deseo buena suerte a nuestra ilustre alumna.

—Así es.

Lucrecia le devolvió la sonrisa.

—Estaré allí para animarte.

Y de paso...

Ver cómo Aldana hacía el ridículo.

***

Después de clases.

Rogelio vino a recoger a Aldana para llevarla a casa.

En cuanto ella subió al coche, él la abrazó y la sentó en su regazo.

Ejem.

Al ver la escena, Iván levantó discretamente el separador del coche.

—¿Qué haces?

Aldana no se resistió, pero lo miró con los ojos entrecerrados y un tono de voz no muy amigable.

—¿Qué pasa?

Al notar que algo no iba bien, Rogelio se puso serio al instante y le preguntó en voz baja:

—¿Alguien te ha hecho enfadar?

—Anda coqueteando por todas partes.

Aldana le pellizcó con fuerza la cintura.

Maldita sea.

Sus músculos eran tan duros que, en lugar de desahogarse, se hizo daño en los dedos.

Eso la enfadó aún más.

—¿Eh?

Rogelio estaba completamente perdido, no entendía nada, cuando escuchó a la joven quejarse de nuevo.

—Rogelio... Rogelio...

Aldana ladeó la cabeza, murmurando:

—Quiero envenenarla para que se quede muda.

Rogelio reflexionó unos segundos y de repente lo entendió todo.

Recordó que su abuela le había mencionado algo antes.

La hija idiota de la familia Cárdenas, que había estado dos años de intercambio en el extranjero, había vuelto a estudiar en la Universidad de la Capital.

¿Acaso Aldi se había topado con ella?

—Dejaré que mis hombres se encarguen. Te aseguro que desaparecerá de tu vista para siempre.

Dicho esto, Rogelio hizo ademán de sacar su teléfono.

—Espera.

Aldana le detuvo la mano y dijo con cierta incomodidad:

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

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