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Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 1100

—Aldi, merezco morir.

Quico estaba abrumado por la culpa, su voz temblaba.

—Si a Julieta le pasa algo, yo…

—Realmente mereces morir.

Aldana apretó el celular, su voz era gélida.

—Quico, ¿no te pedí que cuidaras bien de Julieta?

Ese tono indicaba que la joven estaba verdaderamente furiosa.

Quico se encorvó, como si su alma se hubiera desprendido de su cuerpo, con un dolor en el pecho que apenas le permitía mantenerse en pie.

—Si a Julieta le pasa el más mínimo rasguño, te mato —dijo Aldana con los ojos enrojecidos, pronunciando cada palabra con los dientes apretados—. Espérame en la Isla Solestia y no te muevas.

—Julieta…

—¿No entiendes lo que te digo? —estalló Aldana, su tono cortante—. No quiero tener que malgastar mi tiempo en salvarte a ti después de no haber podido salvar a Julieta.

Sabía perfectamente cuánto amaba Julieta a Quico.

Después de darle las instrucciones.

Aldana colgó el teléfono y se dirigió directamente a la oficina de Plácido.

—Viejo, necesito un permiso para ausentarme. —Dejó la solicitud sobre el escritorio, con un aura terriblemente imponente.

«Vaya».

«¿Eso es pedir un permiso?».

«¡Cualquiera diría que es un bandido asaltando una montaña!».

—Tú…

Plácido se ajustó las gafas, a punto de preguntar el motivo de la ausencia, cuando se encontró con la mirada helada de la chica.

—Es un asunto de vida o muerte, algo gravísimo.

Aldana se mantuvo erguida, su hermoso rostro pálido y sereno, su voz extremadamente ronca.

—Si no me lo autoriza, solicitaré mi baja de la universidad, o un cambio de carrera.

—Los profesores de la facultad de medicina me acosan todos los días a la salida de clase, y ya me estoy cansando.

Plácido, sin decir una palabra más, tomó un bolígrafo y firmó la solicitud de permiso.

—¿Por cuánto tiempo? ¡No has puesto un número de días concreto! —preguntó Plácido con curiosidad.

—No lo sé.

Aldana se lamió los labios y dijo lentamente:

—Guarde usted la solicitud, ya la rellenaré más tarde.

—No se preocupe, no me retrasaré con las clases, y en los exámenes finales…

—Está bien, está bien.

Plácido agitó la mano apresuradamente, suspirando.

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