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Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 1101

—Sr. Rogelio, Aldi...

Al verlos aparecer, Quico se puso de pie de inmediato. Con el rostro pálido, dijo:

—¿Llegaron? ¡Siéntense, por favor!

—¡Dame las grabaciones de seguridad!

Aldana no tenía paciencia para formalidades y exigió con frialdad.

—Ya está todo listo.

Quico Mendes hizo que trajeran una computadora de inmediato. Los videos estaban divididos en varios segmentos para facilitar la búsqueda.

—Lo revisaré contigo —dijo Rogelio Lucero, asintiendo cortésmente hacia Quico.

Se sentó al lado de Aldana. Ambos operaban dos computadoras al mismo tiempo.

Quico se quedó de pie a un lado.

No se atrevía a sentarse.

El ambiente en la sala era tan tenso que resultaba difícil respirar con normalidad.

—Siéntate un rato, Quico —habló Rogelio con voz profunda—. Revisar las grabaciones tomará algo de tiempo.

Quico miró a Aldana. La joven tenía el rostro pálido por la tensión, y sus dedos tecleaban a toda velocidad, haciendo resonar el teclado.

—Siéntate, descansa un poco —dijo Aldana con indiferencia, notando la mirada de Quico.

Quico apretó los labios, dudando si sentarse o no, cuando escuchó a Aldana añadir:

—Gilda llegará pronto. Si no descansas, ¿cómo vas a soportar la paliza que te va a dar?

Quico y Rogelio estaban mudos.

La sala volvió a sumirse en un silencio sepulcral.

Media hora después.

Se escuchó el motor de un auto apagándose en la entrada.

La puerta del auto se abrió de golpe.

Gilda entró corriendo a la sala, encontró rápidamente a Quico y, sin decir una palabra, lo agarró por el cuello de la camisa.

—¿Dónde está mi hermana? ¡¿Dónde está?!

—Aún la estamos buscando...

Quico Mendes era hábil peleando, pero frente a la familia de Julie, solo podía agachar la cabeza.

Que a Julie le hubiera pasado algo era su responsabilidad.

—Ese Mendes... Si no encuentras a mi hermana... —amenazó Gilda, con los ojos inyectados en sangre y voz gélida.

—No hará falta que hagan nada. Yo mismo me quitaré la vida —respondió Quico, abatido y con el rostro sin una gota de color.

—Hmph.

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