Sania se quedó helada. Si antes tenía dudas, ahora estaba completamente segura: su niña había reconocido a Cornelio.
El "5" era Julie, que estaba encerrada en la celda de al lado, y el "7" era ella misma.
Con razón había vuelto a El Refugio; seguramente tenía que ver con el rescate de Julie.
—Gra-gracias.
Sabiendo que la vigilaban por las cámaras, Sania no se atrevió a mostrar demasiada emoción y se limitó a decir: —Dra. Noche, ya que la salud de mi esposo ha mejorado, supongo que ya no tendrá que volver, ¿cierto?
Por favor, no vuelvas, mi niña.
Eres tan joven, deberías estar viviendo tu propia vida.
Este hoyo de El Refugio es demasiado oscuro.
—Eso no lo sé.
La voz de Aldana sonó gélida. Reprimiendo la tormenta en su interior, respondió sin inmutarse: —Dependerá de su evolución. Si El Refugio paga lo que corresponde, por supuesto que volveré.
Era una indirecta muy clara para Sania.
Volvería para sacarlos de ahí.
—Dra. Noche, por aquí, por favor —intervino el guardia, llevándosela justo a tiempo—. El Líder la está esperando.
—Vamos.
Aldana apartó la mirada, envuelta en un aura gélida que congelaría a cualquiera.
Al ver el estado de la chica, Rogelio frunció el ceño con preocupación.
¿Qué había pasado?
De pronto sentía que la muchacha era otra persona completamente diferente.
...
En el salón principal.
Serafín estaba sentado en una silla de caoba, pasando las cuentas de un rosario budista entre sus dedos, observándola con intriga.
—¿La Dra. Noche pidió verme por iniciativa propia?
—Así es.
Aldana levantó la mirada y notó que, con el brazo apoyado en la silla, a Serafín se le asomaba un reloj dorado en la muñeca.
Ese reloj lo había visto antes.
Cuando ocurrió el naufragio, una organización misteriosa había participado en el rescate.
Uno de los hombres llevaba un reloj exactamente igual.

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