—¿Su padre?
El analista, temiendo haber escuchado mal, volvió a preguntar con cautela: —Jefa, ¿quiere decir que este cabello es de su padre?
—Sí.
Aldana se giró; su mirada se posó en la bolsa transparente, oscureciéndose por un instante: —Si el cabello de esta bolsa comparte mi sangre, no solo habré encontrado a mi papá, sino también a mi mamá.
—¡¿Ah?!
Llevaba más de diez años trabajando para ella; siempre había escuchado que era huérfana de padre y madre, y apenas hace poco había logrado encontrar a sus hermanos.
—Muchas felicidades, Jefa —la felicitó el empleado con genuina alegría—. Con la prueba de ADN confirmaremos que, en efecto, es su padre.
—Gracias.
Aldana curvó levemente los labios y salió del laboratorio.
—Alda...
El Maestro Wenceslao y Rogelio apenas lograron alcanzarla, y sin tiempo para preguntar qué estaba pasando.
De pronto, Aldana tomó la mano de Rogelio y, mientras lo jalaba hacia la salida, le soltó: —Maestro Wenceslao, quédate vigilando el laboratorio.
—¡¿Eh?!
Llegó como un rayo y se fue como una ráfaga.
El Maestro Wenceslao, completamente perdido, se rascó la cabeza mientras los veía alejarse.
¿Qué mosca le había picado?
Reaccionando al fin.
Entró al laboratorio, y al escuchar lo que los técnicos le contaron, soltó un grito que hizo retumbar las paredes.
—¡¿Qué?!
—¡¿Ese diablillo de Alda encontró a sus padres?!
—La Jefa ya nos dejó las muestras —respondió uno de los subalternos con respeto—. Nunca da un paso en falso si no está segura.
—Eso quiere decir que está convencida en un noventa por ciento —murmuró el Maestro Wenceslao, con los ojos clavados en los cabellos—. No te miento, de verdad me muero por conocer a sus padres.
Quería saber qué clase de genética podía engendrar a una criatura tan inteligente como aterradora.
—¡Ay, no!
El Maestro Wenceslao se acordó de algo importante y marcó de inmediato el número de Aldana: —Alda, mi niña, ¿tienes alguna noticia de tu hermana Julieta?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Más que una niña: La rebelde y su protector