Ella le dijo: —Rogelio... por fin tengo a mis papás.
Rogelio se quedó paralizado, el impacto de sus palabras había cortocircuitado su mente.
Ese hombre herido... ¿era su suegro?
—El cabello ya está en el laboratorio, en ocho horas tendremos los resultados.
Aldana, sin borrar su sonrisa, añadió: —No puede haber error, estoy segura de que él es mi papá.
Rogelio soltó el volante y se pasó una mano por el cabello.
Tras unos segundos de silencio.
Agarró el celular y marcó el número de Iván: —Ya te enviaron los datos del rastreador, quiero que encuentres la ubicación de El Refugio de inmediato.
Al terminar de dar la orden, Rogelio miró a Aldana, acarició su mejilla con la palma de la mano y frunció el ceño: —Aldi, te prometo que los sacaremos de ahí.
A su familia no le faltaría ni un solo miembro.
—Sí.
Aldana asintió suavemente con las pestañas temblorosas: —Por ahora, no le digas nada a mis hermanos.
—Lo entiendo.
Rogelio asintió con la cabeza, le alborotó el cabello con cariño y le habló con ternura: —Investigaremos por ambos frentes, seguro tendremos pistas muy pronto.
¿Muy pronto?
Aldana apretó los labios y arqueó una ceja.
Si el verdadero propósito de El Refugio era capturarla a ella, harían hasta lo imposible por hacer hablar a Julieta.
Y ella llevaba un bebé en su vientre.
—No puedo esperar.
Aldana fijó su mirada en Rogelio, con un tono lleno de urgencia: —No voy a permitir que a Julieta le toquen un solo pelo.
—¿Qué quieres hacer?
—Colaborar con El Refugio —Aldana se acercó, depositó un beso en los labios del hombre y murmuró—: Sr. Rogelio, acompáñame a montar una escenita.
—Hecho —Rogelio la tomó por la cintura, sin dudarlo un segundo.
—¿No me vas a preguntar cómo vamos a hacerlo? —rio Aldana.
—Lo que tú digas —Rogelio esbozó una sonrisa cargada de devoción—: Al fin y al cabo, esta vida es tuya, haz con ella lo que quieras.
—Trato hecho.
Aldana lo miró fijamente unos instantes y luego una sonrisa se dibujó en su rostro: —Te prometo que hablaré maravillas de ti frente a mis papás.
...
Isla Solestia.

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