Hospital.
Rogelio, recostado en su cama, miraba a la chica que jugaba con el celular, con una expresión de resentimiento: "Aldi, yo..."
"No hagas ruido".
Aldana estaba recostada en el sofá, con toda su atención centrada en el teléfono.
Al oír al hombre llamarla, solo respondió vagamente, sin ni siquiera levantar la vista.
El rostro de Rogelio se ensombreció aún más, y quiso levantarse para ver qué estaba haciendo.
Había estado tan concentrada durante la última media hora que ni siquiera lo había mirado.
¿El chico mantenido?
¿El reemplazo de su futuro ex?
Intentó levantar la cabeza, pero se dio cuenta de que no podía hacerlo en lo absoluto.
Maldición.
Este cuerpo inútil que tenía, sobrevivió a que lo quisieran asesinar, ¿y ahora resultaba que no aguantaba un choque?
Reflexionó por un momento.
Rogelio puso una mirada profunda, fingió una expresión de dolor y soltó un leve quejido: "Sss——"
Efectivamente.
En cuanto hizo ese sonido, atrajo de inmediato la atención de Aldana.
"¿Qué pasa?"
La chica soltó su teléfono al instante, caminó a pasos rápidos hacia él, se inclinó y preguntó con preocupación: "¿Qué te duele?"
"Mmm".
Rogelio, con el ceño fruncido y su apuesto rostro mostrando una ligera apariencia de "fragilidad", asintió con tristeza.
"¿Qué te duele?"
La mirada de Aldana se volvió seria, y su voz, inconscientemente, más suave: "¿Aquí? ¿O aquí?"
Preguntó mientras le señalaba la cabeza y luego la pierna.
"No".
Rogelio negó con la cabeza, tomó la mano de la chica y se la puso en el corazón.
"¿El corazón?"
La expresión de Aldana se volvió seria al instante, temiendo que fuera un problema con sus costillas y su corazón, y dijo con voz firme: "Espera, pediré que te lleven a hacerte unos exámenes".
"No hace falta".
Rogelio torció los labios, y dijo sin prisa: "Iván y Eliseo han estado conmigo desde que eran adolescentes".
"La primera vez que nos vimos, los dos hermanos estaban huyendo de unos usureros para conseguir dinero y tratar la enfermedad de su madre, yo los salvé".
"Pagué su deuda y salvé a su madre que estaba grave. Desde entonces, han sido leales a mí a muerte".
"Vaya, qué triste lo de Iván y Eliseo".
Aldana esbozó una sonrisa, y dijo con ligereza: "Si es así, mejor que no arriesguen sus vidas".
"O acaso..."
Aldana hizo una pausa, y enseguida añadió: "¿Acaso no los mandaste para protegerme, sino para vigilarme?"
Rogelio se quedó sin palabras, un poco avergonzado.
La verdad, sí había un poco de eso en mandarlos a vigilarla.
Cuando esta chica se volvía indomable, no había quién la parara.
Con Iván y Eliseo, podrían protegerla y a la vez vigilar que no hiciera ninguna locura.
Fuera como fuera.
Ella no podía estar en peligro.
"El plan aún se está preparando, pero ya falta poco". Aldana le pellizcó un dedo al hombre, y sonrió entrecerrando los ojos: "Le tengo preparada una gran jugada a Serafín, una que lo hará arrepentirse por el resto de su vida y de la que no podrá levantarse jamás".

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