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Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 1167

—¡S-Srta. Carrillo, venga rápido a ver esto!

La puerta se abrió.

Vio a Eva pegada contra la pared, temblando de miedo mientras señalaba con el dedo hacia la sala de estar.

Aldana levantó la mirada en esa dirección.

Y vio a Gilda sentada en el sofá, sosteniendo una pistola con expresión sombría.

Un aura gélida y amenazante la rodeaba. Era imposible no sentir temor.

Con razón Eva estaba petrificada contra la pared del puro susto.

—Cuarta, ¿qué haces aquí? —preguntó Aldana, confundida.

¿Acaso no le había asignado la tarea de vigilar a los demás?

¿No le había dicho que evitara que cometieran alguna locura?

—O usas esta pistola para matarme o me llevas contigo a la Isla Nébula.

Gilda se levantó de golpe, con una determinación inquebrantable:

—¡Elige!

—Pero habíamos acordado que...

—¡Sí, pues me arrepentí! —Gilda apartó la mirada, sin atreverse a ver a los ojos a Aldana, pero con una postura firme—. ¡Voy contigo a la Isla Nébula, tengo que protegerte!

—¡Si no me dejas ir, me mato aquí mismo!

—¡En. Este. Preciso. Instante!

Aldana se frotó la frente, preguntando con resignación:

—¿Y qué pasó con los demás?

—Usé a los hombres de Rogelio para encerrarlos a todos en sus habitaciones —respondió Gilda, sin que le temblara la voz ni se le enrojecieran las mejillas.

Aldana se quedó parada, sin saber qué hacer.

Su hermana Gilda era terca como una mula.

Si le decía que no, era muy capaz de volarse la cabeza frente a ella.

—Está bien.

Aldana asintió y le dijo en voz baja: —Empaca tus cosas, vienes conmigo.

—Ya estoy lista —Gilda le dio unas palmaditas a su mochila, emocionada—. Solo tengo que ponerme la máscara de silicona.

—Me mezclaré entre tus subordinados y Serafín no notará nada extraño.

—No hables, y de preferencia ni siquiera levantes la cabeza —le advirtió Aldana con resignación.

Con el temperamento de Gilda, al ver a Serafín seguramente estallaría en instinto asesino.

Era muy probable que se lanzara a intentar matarlo ahí mismo.

—Lo haré —respondió Gilda obedientemente.

Apenas Aldana y Gilda se habían marchado.

Capítulo 1167 1

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