En camino hacia El Refugio,
Aldana recibió un reporte de los miembros de la Alianza del Cracker:
—El jefe solo se enojó un poquito y volvió a su habitación con un vaso de agua.
—Je.
Aldana curvó levemente los labios rojos, con una sonrisa danzando en sus hermosos ojos.
Tal y como lo imaginó.
Ese hombre no sabe quedarse quieto.
—Srta. Carrillo...
Después del reporte, el hombre dudó unos segundos y su voz tembló al añadir:
—El jefe parecía bastante furioso... cuando llegue el momento, por favor protéjanos.
Eran hombres de la Alianza del Cracker, pero recibían órdenes de la Srta. Carrillo para confinar a su propio jefe.
¡Esto era el mundo al revés! Una rebelión total.
—No se preocupen.
Aldana sostuvo el teléfono y soltó una risa despreocupada:
—Conmigo aquí, ¡nadie les tocará ni un pelo!
—¡Sigan «cuidando» muy bien de él!
—Sí.
Al entender claramente la jerarquía entre los dos y darse cuenta de quién mandaba realmente, las voces de los subordinados resonaron con mucha más fuerza.
—
Poco después.
Aldana llegó a la Isla Nébula acompañada de Gilda, Sombra, Iván y Eliseo.
—¿Ya estás aquí?
Al ver a Aldana, Serafín mostró cierta emoción:
—La Dra. Noche y Sania me informaron que el proyecto de modificación genética ha entrado en su fase final.
—Si no hay imprevistos, tendremos resultados mañana mismo.
—¿Tan rápido?
Aldana arqueó levemente una ceja, esbozando una sonrisa que no parecía una sonrisa.
—Todo gracias a la ayuda del Submundo.
Serafín entornó sus oscuros ojos, con una sonrisa que escondía una siniestra intención.
—Escuché que el Líder Guerra escondió a Cornelio —mencionó Aldana de manera casual, apoyando ambas manos en la barandilla y observando distraídamente el enorme laboratorio.
Cientos de computadoras operaban al mismo tiempo.
Genetistas de todo el mundo trabajaban sin descanso.
Y los "sujetos de pruebas" que fracasaban eran arrastrados fuera del laboratorio medio muertos.

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