“Sin ajo, sin cebolla, pero con mucho cilantro”.
Serafín se quedó congelado en su sitio, mirándola en un silencio escalofriante.
“Ah, y quiero un postre, preferiblemente de mango”. Aldana estaba sentada en la silla, balanceando los pies con total tranquilidad. “¿Y qué hay de los dulces? También quiero algunos caramelos”.
“¿Algo más?”
Serafín frunció el ceño. La cicatriz debajo de su ojo parecía torcerse de furia mientras hablaba con los dientes apretados.
“No”.
Aldana lo pensó un segundo, negó con la cabeza y añadió con mucha cortesía: “Gracias, eh”.
Serafín mantuvo una expresión sombría y no dijo ni una palabra.
Detrás de él, los investigadores y subordinados la miraban estupefactos.
¿Acaso esta chica no entendía lo que significaba ser un prisionero?
Esa postura, esa actitud...
Si no supieran que la habían secuestrado, jurarían que había venido de vacaciones.
Como si estuviera hospedada en un hotel temático de cárcel.
“¡Quiero comeeeeeer!”
Al ver que nadie se movía, Aldana, que ya moría de hambre, empezó a gritar a todo pulmón.
“¿Qué hacen ahí parados? ¡Vayan a prepararle la comida a esta muerta de hambre!”
Serafín giró la cabeza y les gritó con furia.
“Sí, sí, señor”.
Los subordinados salieron corriendo a toda prisa.
“Más te vale quedarte quietecita”. Serafín señaló la computadora con la barbilla. “Ahí está toda la información sobre la investigación genética. Léela”.
“Mientras más pronto termines, más pronto te daré un final rápido”.
“Hecho”.
Aldana le echó un vistazo a la computadora y esbozó una leve sonrisa.
Sabía que el equipo tenía un rastreador y que si intentaba desconectarse de la red local, sonaría una alarma de inmediato.
Y no solo eso.
La computadora estaba siendo monitoreada en tiempo real; era imposible enviar ningún mensaje al exterior.
El viejo decrépito realmente había aprendido la lección.
Al ver que se comportaba, Serafín no dijo más y se marchó con un movimiento de mano.
Los investigadores lo siguieron rápidamente, llenos de dudas.
¿Por qué sentían que El Líder era demasiado permisivo con esa mocosa?
¿Acaso era porque se parecía mucho a la Dra. Verano?
Pero, a fin de cuentas, ¡era la hija de Cornelio Espinosa!
Pensando en lo que pasó con Julieta Mendes...
¡Nadie entendía nada!

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