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Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 1186

“¡El que sigue!”

Con la edición genética finalizada y el recuerdo especial implantado, Aldana levantó levemente la barbilla.

Los investigadores sacaron de inmediato al sujeto inconsciente e introdujeron al siguiente.

Aldana no se detuvo; continuó operando los equipos especiales y la computadora.

Serafín la observaba en silencio, y su mirada adquirió un matiz profundo.

Desde ese ángulo, esta niña, Fantasma, era la viva imagen de Sania.

Incluso sintió la extraña sensación de haber viajado en el tiempo más de veinte años, a la época en que trabajaba junto a Sania en el instituto de investigación.

Sintiendo que alguien la observaba, Aldana giró la cabeza bruscamente y sorprendió a Serafín mirándola fijamente.

“¿Qué tanto miras?”

Frunció el ceño. Un toque de repulsión brilló en sus ojos y le espetó sin el menor tacto.

“Si no me estuvieras mirando, ¿cómo sabrías que yo te estoy mirando a ti?” Serafín tenía el rostro sombrío y replicó con frialdad.

“Si no me estuvieras mirando, ¿para qué diablos te iba a mirar yo?” Aldana detuvo sus manos, miró a Serafín con desprecio y, con una expresión de pura furia, parecía una gata salvaje a punto de atacar.

De no ser por las fuertes barras de metal que los separaban, Serafín no dudaba de que ella se hubiera lanzado a arrancarle la piel a mordiscos.

“¡Mocosa insolente!”

El rostro de Serafín se tensó. Sus ojos cansados irradiaron un aura gélida mientras mascullaba molesto: “Eres mi prisionera, ¿acaso no tengo derecho a mirarte?”

“Y tú no te quedas atrás, viejo patético y charlatán”.

Aldana alzó una ceja y soltó una carcajada irónica: “¡Exacto, no tienes el derecho de mirarme!”

“¡Fantasma!” El cuello de Serafín se tiñó de un rojo furioso y abrió los ojos de par en par, perdiendo los estribos.

“¡Aquí estoy, viejo decrépito!”

Aldana mantenía una sonrisa burlona en los labios, pero lo fulminaba con una mirada aterradora, mostrando una arrogancia desmedida.

Los investigadores y subordinados que presenciaban la escena no se atrevieron a soltar ni un suspiro.

Nunca en sus vidas habían visto a nadie capaz de...

O mejor dicho.

¡Nadie se atrevería a enfurecer al Líder de esta manera!

Serafín sentía que la sangre le hervía. Le arrebató el arma a uno de sus guardias y cortó cartucho.

“Vaya”.

Capítulo 1186 1

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