Entrar Via

Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 1185

Aldana replicó sin dudarlo, aprovechó el momento para lanzarle el pendrive a Serafín y, mientras se frotaba las muñecas, añadió: “La investigación de tu equipo es un asco. Cambia los parámetros usando estos datos”.

Serafín lo atrapó y se lo entregó inmediatamente a uno de los investigadores que lo acompañaba.

Al poco rato.

El investigador gritó emocionado: “Líder Guerra, ¡esto realmente funciona!”

Tras aplicar las sugerencias de Fantasma, la información cerebral del sujeto de prueba mostró cambios inmediatos.

Hasta entonces.

Ningún investigador había logrado semejante avance.

Ni siquiera la Dra. Verano.

Esta señorita Fantasma definitivamente no era ninguna broma.

“¿Y el resto de los datos?” presionó Serafín.

“Después de modificar los datos iniciales, el sujeto debe adaptarse. Hay que monitorear sus ondas cerebrales y las fluctuaciones genéticas antes de cambiar la siguiente parte”.

Aldana se metió un caramelo a la boca y habló con desgana: “Las prisas no son buenas. Con razón sus experimentos siempre fracasan”.

Al recibir ese ataque sarcástico, Serafín no tuvo palabras para refutarla.

“Además, tienes muy pocos sujetos de prueba”. Aldana masticaba el caramelo. Sabía a rayos; no se comparaba ni a la milésima parte de los que Rogelio Lucero le compraba.

Pero como no había de otra, tendría que conformarse.

“Consigue al menos unos veinte más”. Mientras hablaba, Aldana le lanzó a Serafín otra carpeta de datos: “Aquí tienes veinte protocolos distintos para modificar el genoma de veinte personas diferentes”.

“Observa cómo evolucionan y encontrarás los datos óptimos de manera natural”.

“Eso iba a hacer, pero...”

Serafín apretó los puños, con la mirada ensombrecida: “Destruiste El Refugio. Ahora no tengo ni el personal ni la maquinaria suficiente”.

“Inútiles”.

Aldana bebió un trago de agua y se burló sin piedad: “Si no saben trabajar, no saben trabajar. No le eches la culpa a las máquinas o a la falta de personal”.

“No me hables de veinte modificaciones genéticas, si me das doscientos sujetos, te lo resuelvo en unas cuantas horas”.

Al escuchar la bravuconería de la chica, Serafín se sumió en sus pensamientos y murmuró con desconfianza: “Fantasma, dudo mucho que seas tan generosa”.

“Obvio que no lo soy”.

Aldana arqueó una ceja, movió los labios y pronunció cada palabra con claridad: “Mi precio por esta pequeña asesoría es que le garantices a mi padre dos semanas de El Antídoto”.

“¿Y si me niego?”

El sujeto de prueba estaba recostado en la cama, conectado a la máquina de circulación sanguínea.

Aldana se colocó la mascarilla, los guantes y comenzó con la edición genética.

Diez minutos después.

Los primeros datos genéticos fueron implantados en el sujeto.

Al mismo tiempo.

Aldana implantó un pequeño "recuerdo especial" a plena vista de todos.

Por ejemplo: si compraban caramelos, solo podían comprar los caramelos que Rogelio Lucero creó exclusivamente para ella.

Serafín planeaba liberarlos para monitorear los resultados en el mundo real, y luego volvería a capturarlos.

Si Rogelio era tan inteligente como ella creía, no tardaría en notar ese patrón.

¿Y usar a esa gente para descubrir dónde la tenían encerrada?

¿El viejo decrépito pensaba que podía superarla en este juego?

Jeje.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Más que una niña: La rebelde y su protector