Entrar Via

Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 1227

Aldana se giró, miró al hombre que mantenía una expresión de profunda preocupación, se puso de puntillas y le dio un rápido beso en la comisura de los labios, alzando una ceja con coquetería: "Recupérate pronto, tenemos mucho tiempo por delante."

No importaba cómo se escuchara, esa frase no sonaba para nada inocente.

La niña se estaba volviendo traviesa.

La lluvia caía a cántaros.

Ráfagas de viento huracanado arrastraban los densos nubarrones, mientras que en el mar embravecido las olas chocaban con un estruendo aterrador.

El aguacero arreciaba cada vez más.

Todo el cielo se oscureció hasta el punto en que no se podía ver ni la mano frente al rostro.

Aldana se acercó a las cámaras de vigilancia, deteniéndose a evaluar la situación, con el rostro empapado por la tormenta.

Unos segundos después.

Recogió una rama del suelo, la mojó en un charco y adoptó una postura de arranque.

Tres... dos... uno.

Aldana salió disparada y golpeó violentamente la cámara con la rama.

La transmisión se cortó en un fundido a negro durante un par de segundos.

Aldana logró burlar el perímetro, se sacudió las manos y continuó avanzando.

Más adelante había otro anillo de seguridad, pero ya estando cerca de la estructura, podía simplemente saltar el muro.

Al mismo tiempo.

Dentro de la villa.

Sania estaba sentada en silencio en la sala de estar, mirando con la mente perdida el imponente piano frente a ella.

"Sania, hace años que no te escucho tocar."

Serafín, recostado cómodamente en el sofá y haciendo girar una copa de vino tinto en su mano, estaba de excelente humor: "Hoy es un gran día, deberías tocar algo para celebrar."

Ese supuesto "gran día" se debía a que el proyecto de modificación genética estaba a punto de coronarse con éxito.

En ese preciso instante, Anahí realizaba los últimos ajustes en el laboratorio.

Era muy probable que antes del amanecer, el proyecto estuviera finalmente concluido.

"Sania, ¿por qué no te mueves?", Serafín, habiendo sido ignorado durante días, ya comenzaba a perder la paciencia y su voz sonó más afilada.

Sania respiró hondo y posó sus dedos finos y largos sobre las teclas blancas y negras.

Notas armoniosas y cautivadoras comenzaron a flotar en el ambiente, relajando el alma.

Serafín asintió satisfecho, cerrando los ojos para disfrutar de la melodía.

Mientras tocaba, Sania lo vigilaba de reojo, fijando su mirada en los dedos del hombre.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Más que una niña: La rebelde y su protector