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Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 1276

—¡Papá! —Luna se cubrió la mejilla ardiente, mirando a Leandro incrédula, con los ojos llenos de lágrimas de sorpresa y dolor.

—Tú...

Zoe se acercó rápidamente, tomó la mano de su hija con angustia y se quejó: —¡La que cometió la falta fue Sombra, ¿por qué golpeas a mi niña?!

—¡Tú la criaste así!

Leandro se desabrochó el saco y señaló a Luna, furioso: —Leonardo es un ciudadano del país Nuboria, en el Continente del Norte. Si algo le pasara en Somerlandia y se descubriera que fue obra de esta idiota, ¡¿cómo se supone que le rinda cuentas a Nuboria?!

—¿De verdad es para tanto?

Zoe dudaba. Al fin y al cabo, era solo un actor.

Ellos eran un país independiente, hacer desaparecer a alguien era más fácil que aplastar una hormiga.

¿Por qué tanto alboroto?

—¡Mujer ignorante!

Leandro no quería perder el tiempo con ella y gritó desesperado: —Te vas ahora mismo a la Capilla Familiar. Te arrodillarás ahí dos días para pensar en lo que hiciste.

—Leandro... —Zoe frunció el ceño, intentando persuadirlo.

—No te apresures, tú también vas. —Leandro señaló a Zoe sin piedad—. No me creo que no supieras lo que planeaba.

—Por encubrirla y consentirla, ¡te arrodillarás con ella!

—¡Leandro Carrasco!

Zoe se puso pálida, con los ojos rojos de la indignación.

—¿No quieren arrodillarse? ¡Entonces lárguense del Palacio Presidencial! —rugió Leandro.

...

Luna y Zoe se sobresaltaron y guardaron silencio al instante.

Entre arrodillarse y ser expulsadas del palacio, sabían qué les convenía más.

—Vamos.

Antes de irse, ambas le lanzaron a Sombra una mirada cargada de odio puro.

...

Sombra les devolvió la mirada fríamente.

¿Pensaban que la cosa terminaría ahí?

¡Ni en sus sueños!

—Hiciste un buen trabajo hoy.

Leandro le palmeó el hombro a Sombra, con una paciencia inusual y un tono de aprobación: —Si fueras así de maduro todos los días, me encantaría ser un padre cariñoso.

Julián asintió obediente y tomó la mano de Sombra con una sonrisa radiante: —Caminaré con mi hermano mayor.

—No quiero.

Sombra intentó soltarse, pero al no poder deshacerse del pequeño pegajoso, lo dejó hacer.

Julián sonrió aún más.

En el despacho.

Tras escuchar a Sombra, Leandro frunció el ceño: —¿Una alianza con el Grupo Lucero?

El Grupo Lucero controlaba la mitad del Continente del Norte y tenía negocios en todo el mundo.

Si lograban firmar ese acuerdo, el desarrollo de Somerlandia daría un salto gigante.

—Si consigues cerrar este trato, te daré un puesto en el Centro Político —prometió Leandro.

Perfecto.

En el Centro Político había muchos viejos de mentalidad anticuada que necesitaban ser eliminados.

Sombra era la candidata ideal para el trabajo.

—Sí, padre. —Sombra asintió levemente y se dio la vuelta para irse. Julián la siguió de inmediato, llamándola con voz cantarina—: ¡Hermano, espérame, espérame!

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