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Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 1708

—Ah.

Gilda no notó en absoluto las intenciones de Héctor. Tomó el control remoto y cambió de canal.

Ver demasiada televisión sin sentido le hacía mal al cerebro.

Te pudría la mente.

Puso un programa sobre supervivencia extrema.

A Héctor nunca le habían gustado los documentales, y menos esos llenos de términos especializados.

La voz del presentador le parecía una canción de cuna.

A los pocos minutos, empezó a bostezar sin control.

Gilda, por el contrario, adoraba este tipo de programas y no apartaba la vista de la pantalla.

Héctor no quería arruinarle el momento, así que se quedó a su lado en silencio.

Sin darse cuenta, dieron las tres de la mañana.

El documental llegó a su fin.

Gilda movió su cuello entumecido y de pronto recordó que no estaba sola.

Giró la cabeza y vio a Héctor abrazado a un cojín, con la barbilla apoyada en él.

Tenía los ojos cerrados a medias y la cabeza le daba tirones hacia adelante, a punto de caer rendido.

Se veía completamente adormilado.

La sala estaba a oscuras, solo iluminada por el pálido resplandor del televisor.

Las luces de las imágenes bailaban sobre el rostro de Héctor.

Tenía unos rasgos marcados y una estructura ósea increíble.

En ese instante...

Gilda por fin comprendió cómo Aldi se había enamorado a primera vista del físico de Rogelio.

Al final del día, todas terminaban cayendo en la misma trampa.

Es que Héctor era realmente muy apuesto.

Bajando un poco más la vista, notó sus labios finos con un ligero tono rosado.

Por un segundo.

Gilda se quedó embelesada y en su cabeza cruzó una idea de lo más inapropiada.

—Despierta. —Le dio un toque en el hombro.

—¿Ah?

Héctor reaccionó de inmediato y, aún adormilado, balbuceó:

—No tengo sueño... puedo ver un rato más.

—¿En serio?

Gilda sonrió con malicia y le preguntó a propósito:

—Llevas horas viendo el programa, ¿qué opinas al respecto?

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