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Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 1706

—¿Y quién es?

Alondra se levantó de golpe de la silla del salón de uñas y preguntó con frialdad:

—¿De qué familia adinerada es?

—Nunca la había visto en nuestro círculo.

Su amiga, que seguía a la pareja a escondidas, analizó a Gilda de arriba a abajo.

—Es bastante alta, debe medir como un metro setenta. No es fea, pero parece no usar maquillaje y lleva el cabello recogido sin ningún cuidado.

—Y ni hablemos de cómo viste: botas militares, pantalones sueltos y una camiseta negra. ¡Parece un chico!

A la amiga le resultaba un tanto familiar.

Pero si lo pensaba bien, nunca la había visto en las fiestas de la élite.

—El punto es que, de pies a cabeza, no te llega ni a los talones —suspiró la chica, negando con la cabeza—. ¿Cómo pudo Héctor fijarse en alguien así?

Esas palabras hicieron que la sangre de Alondra hirviera de rabia.

Si al menos la mujer fuera superior a ella, lo aceptaría.

¡Pero perder ante una cualquiera era una humillación total!

—No la conozco, pero vi que su bolso tiene el logo del Estudio Gilda. Seguro trabaja ahí —murmuró su amiga.

—Alondra, ¿por qué no vas a buscarla al estudio?

No parecía ser de gran nivel. Quizás con asustarla un poco, dejaría a Héctor en paz.

Se ahorrarían muchos problemas.

—Entendido.

Alondra apretó el celular con furia.

—Iré a verla con mis propios ojos.

***

En las cajas del supermercado.

Gilda sacó su tarjeta de crédito, pero Héctor ya había pagado usando su celular.

El total había sido de 2080 pesos.

Gilda frunció el ceño y murmuró:

—Dime cuánto fue, te lo transferiré.

—No hace falta. —Héctor le dedicó una gran sonrisa—. Me vas a dejar vivir en tu casa gratis, lo menos que puedo hacer es pagar las compras.

Gilda no sabía qué decir.

La señora de la caja escuchó la conversación y no pudo evitar reírse:

Giró la cabeza por instinto y lo miró de perfil, con una mezcla de sentimientos.

Héctor derrochaba energía positiva.

A su lado, ella se sentía bastante apagada y sin vida.

¿Así eran siempre las relaciones donde ella era la mayor?

***

De regreso a casa.

Gilda se quedó observando cómo Héctor llenaba el refrigerador vacío hasta el tope.

En las áreas comunes, ya se veían sus pantuflas y demás cosas personales.

La casa, antes tan sombría, ahora rebosaba calidez y vitalidad.

Gilda apretó los labios.

¿Cómo su hogar se había transformado tanto en tan solo un par de días?

¡La capacidad de invasión de Héctor era aterradora!

Gilda fue hasta el mueble de licores y sacó una botella de vino tinto, pero una mano la detuvo.

—Es muy tarde para beber alcohol. —Héctor le ofreció un vaso de leche caliente—. Toma esto, te ayudará a dormir mejor.

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