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Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 1284

¿Chica?

¿Enamorado?

Las palabras de Ciro fueron como una cubetada de agua helada derramada sobre su cabeza.

Lo hicieron despertar de golpe.

Si eso era que le gustara alguien...

Durante medio mes, su cabeza había estado llena de Sombra. ¿Eso también era que le gustara?

Cómo iba a gustarle Sombra.

¿Enamorarse... de un hombre?!

—Leonardo, ¿sigue ahí? —le recordó Ciro en voz baja.

—No es nada.

Leonardo colgó la llamada, estacionó el auto a un lado de la calle y trató de calmarse.

No podía ser.

Solo estaba demasiado cansado por el trabajo últimamente y su cerebro no procesaba bien.

Además, Sombra había arriesgado su vida para salvarlo, así que sentía gratitud.

Sí, eso era.

Lo que sentía por Sombra era gratitud, nada más.

Tras convencerse a sí mismo, Leonardo respiró hondo, volvió a encender el vehículo y se marchó.

Al bajarse del auto, descubrió, sorprendentemente, un arete rojo en el asiento del copiloto.

Si no recordaba mal, era el mismo que Sombra llevaba en la oreja izquierda.

Leonardo lo guardó en su mano, pensando dárselo junto con el vehículo al día siguiente.

Al día siguiente.

Después de clase, Aldana se dirigió directamente a la facultad de medicina.

Prueba sorpresa.

Solo llevaba un bolígrafo y se sentó tranquilamente en su lugar a esperar a que repartieran los exámenes.

—Escuché que el examen de esta vez es especialmente difícil —dijo alguien a su lado a propósito—. El profe Bonifacio dijo que sacar la nota aprobatoria ya sería un gran logro.

—No son muchas preguntas, pero el nivel de dificultad es altísimo. Si no sabes, probablemente saques un cero.

—¿Tampoco es que vayamos a sacar cero, no? Por algo hemos estudiado medicina todos estos años.

—¡Con algunos no se sabe!

Aldana, recargada en la pared y jugando en su teléfono, escuchó claramente todos los comentarios.

No tenía idea de quiénes hablaban, ¡pero definitivamente no era de ella!

El examen comenzó oficialmente.

Aldana recibió una llamada de Sombra.

—¡Ahhh!

El grito de Sombra casi hizo que Aldana soltara su teléfono del susto.

—Aldana, aunque Leonardo tiene cara de témpano de hielo y mal carácter, de verdad sabe cómo devolver un favor.

—¿Qué?

Aldana se subió al auto de Iván y le hizo un gesto con la barbilla para que arrancara.

—Leonardo me regaló un superdeportivo rojo —Sombra no podía ocultar su emoción—. Revisé el precio, cuesta al menos trece millones con todo y trámites. Si hubiera sabido que era tan generoso, no le habría discutido tanto en el pasado.

—Qué bueno —Aldana parpadeó con una sonrisa en los labios.

La verdad era que ella tampoco esperaba que el regalo de agradecimiento de Leonardo fuera tan grande.

Si Wilfredo se enteraba, escupiría sangre del coraje.

—Pero... —la alegría de Sombra no duró mucho; su tono de pronto se volvió triste—: Perdí mi arete.

No sabía si se le había caído en el avión o dónde.

No podía encontrarlo.

—¿Dónde estás? ¡Voy para allá ahora mismo! —dijo Aldana.

Cuando Aldana llegó.

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