Maestro Urías: Probablemente cuando anda por ahí con el celular en la mano preguntándole a todos, como tú lo estás haciendo.
Sombra estaba muda.
Maestro Urías: En el momento en que tu 'amiga' se pregunta si se ha enamorado, es porque ya lo está.
Sombra se mordió el labio suavemente.
Maestro Urías: Ya valió. Tu amiga ha caído en las redes del amor.
Maestro Urías: Por cierto, ¿quién es esa amiga? ¿La conozco?
Sombra: No la conoces.
Terminó la conversación.
Sombra se recostó contra el asiento, mirando el techo del auto con cara de desesperación.
Se dio unas palmaditas en las mejillas y miró por la ventana, completamente abatida.
Estaba perdida.
Después de tantos años recorriendo el mundo y siendo tan audaz, había tropezado justo con ese chico mantenido.
Menos mal que él no se había dado cuenta. De lo contrario, se moriría del susto si supiera que a un hombre le gustaba.
Pensar en eso la tranquilizó un poco.
En cuanto terminara de arreglar los asuntos de la colaboración, regresaría de inmediato a Somerlandia.
No podía seguir cerca de Leonardo.
Si pasaba más tiempo con él.
Seguro que no podría controlarse y terminaría cometiendo alguna locura.
—
Dos días después.
Leonardo fue dado de alta y regresó a su casa para recuperarse.
Aldana Carrillo y Rogelio Lucero fueron a visitarlo.
—¿Solo vinieron ustedes dos?
Leonardo frunció el ceño y se asomó por detrás de ellos.
—¿A quién más esperabas?
Rogelio dejó las cosas que traía y observó al convaleciente de pies a cabeza: —Los demás están ocupados, vendrán más tarde.
Leonardo frunció aún más el ceño, tomó un sorbo de agua y preguntó: —¿Cómo va la recuperación de Sombra?
—¿Mmm?
Aldana levantó la cabeza y miró a Leonardo con una expresión cargada de significado: —Muy bien.
—Hmph.
Leonardo soltó un bufido frío, con un tono cargado de sarcasmo: —Se nota que no le importa en lo más mínimo su salvador. Ese pequeño traidor.
—Sombra ha estado trabajando de sol a sol con los asuntos de la colaboración.
—Ah.
Leonardo se apoyó contra la cabecera de la cama y soltó una risa desanimada: —¿Te parece completamente absurdo, verdad?
—Es normal.
Rogelio metió las manos en los bolsillos y alzó una ceja, con tono relajado: —Aldi y yo también nos peleábamos a muerte al principio. ¡Y al final terminamos enamorados!
—Qué gran forma de consolar a alguien.
Leonardo lo miró con frialdad y resopló: —Te digo que me gusta Sombra, y siento que en el fondo lo estás celebrando.
—¿Se me nota tanto? —Rogelio curvó los labios en una sonrisa sutil—. Antes me preocupaba que Sombra se fijara en Aldi, pero ahora puedo estar completamente tranquilo.
—No tengo ningún prejuicio sobre ese tipo de amor. Si te hace feliz, tienes todo mi apoyo.
—Pero... ¿tú crees que Sombra tenga ese tipo de interés en ti? —añadió Rogelio de forma casual—. Es un mujeriego empedernido. Sus amantes darían la vuelta al mundo. Probablemente ni siquiera estés en la lista de espera.
—Ese infeliz... casi pierdo la vida por salvarlo y ni siquiera se digna a dar la cara.
Leonardo se agitó, miró su pierna herida y dijo con frustración: —Si no estoy en la lista, entonces me colaré en la fila.
...
Rogelio se quedó sin palabras.
Quién lo diría.
El famoso actor Leonardo Valencia resultó ser bastante intenso.

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