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Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 1311

—Mi culpa —habló Leonardo, tomando la iniciativa. Su expresión era fría y solemne—. Fui yo quien no pudo controlar sus sentimientos. Me enamoré de Sombra y, hace un momento, la besé a la fuerza.

Aldana se quedó sin palabras. Apretó los labios, sin saber qué decir.

Realmente era difícil imaginar que alguien tan tranquilo y ecuánime como Leonardo fuera capaz de «besar a la fuerza» a alguien.

Definitivamente, las apariencias engañaban.

Sombra lo miró de reojo y asintió, visiblemente incómoda.

«Exacto. No tiene nada que ver conmigo. Aunque tuve las ganas, me faltó el valor. Todo es culpa de este imbécil de Leonardo por romper esta barrera. Ahora, ¿cómo voy a darle la cara a Alda?»

—Leonardo, ¿qué es lo que te gusta de Sombra? —Aldana se humedeció los labios y preguntó con voz ronca—: ¿Acaso no sabes que es un «hombre»?

—Lo sé.

Leonardo giró la cabeza para mirar a Sombra, con el ceño fruncido, y explicó sin prisa:

—Yo también tuve mis dudas, luché contra esto, pero cuando te enamoras, te enamoras. ¿Qué explicación se le puede dar? Me gusta porque es Sombra, el género no tiene nada que ver.

Sombra no esperaba que él dijera algo así; una cálida corriente le recorrió el corazón.

¿Ya ni siquiera importaba el género?

—¿Y nuestros padres...? —preguntó Aldana.

—Ellos saben desde hace tiempo que me gusta alguien diferente, simplemente no saben que se trata de Sombra.

Aldana se quedó atónita.

Sombra, por su parte, se sorprendió. Contuvo el aliento y luego lo soltó lentamente.

«Menos mal que no lo saben».

—¿Y tú? —Aldana miró a Sombra.

—¿Yo? —Sombra se señaló a sí misma, parpadeando con inocencia—. Esto no es culpa mía, Alda.

—Ven conmigo a la habitación.

—Él es guapo.

—Leonardo también es guapo —Sombra parpadeó, sin ocultar su admiración—. Además, tiene un cuerpazo. Vi sus fotos a escondidas, tiene unos abdominales de acero.

Aldana casi se atraganta, quedándose muda por un segundo.

—Mi hermano dice que le gustan los hombres. Sombra, lo volviste gay. ¿Qué planeas hacer ahora? ¿Decirle la verdad o qué?

—No planeo estar con él —la sonrisa desapareció del rostro de Sombra, y su tono se volvió serio—. Alda, tú lo sabes, mi identidad no puede salir a la luz. Y mucho menos su carrera permite que alguien como yo exista a su lado. Somos de mundos distintos. Alda, dile que se rinda —Sombra se sentó en la silla, cabizbaja—. Dile que no me gusta. Pasado mañana tomaré el primer vuelo y me iré. La próxima vez que regrese, evitaré cruzarme con él. Con el tiempo, me olvidará y volverá a su vida normal.

—Si él vuelve a su vida normal, ¿qué hay de ti?

Aldana conocía demasiado bien a su mejor amiga. No era alguien que entregara su corazón fácilmente. Era profundamente leal a sus sentimientos.

—A mí me da igual —Sombra esbozó una sonrisa que no le llegó a los ojos, luciendo increíblemente triste—. Que haya amor o no, no es tan importante como conseguir el puesto de Mandatario.

Aldana frunció el ceño.

«Qué terca».

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