—¿Quién está sonrojado? —Sombra se tocó la cara; el intenso calor en sus palmas la hizo fruncir el ceño, pero siguió negándolo—. Este baño no tiene buena ventilación, solo tengo calor.
—¿Tú crees?
Al ver cómo parpadeaba desesperadamente por los nervios, Leonardo estuvo aún más seguro de que su suposición era correcta.
—¿No te has dado cuenta de que tu corazón está latiendo como loco? ¡Late tan rápido que hasta yo puedo escucharlo!
—¿De verdad? —Sombra apretó los labios y, por instinto, levantó la mano para tocarse el pecho. Pero antes de poder hacerlo, Leonardo le sujetó la mano de repente.
En medio de la confusión, Leonardo la jaló suavemente y Sombra terminó chocando de lleno contra su pecho.
Al levantar la vista, se encontró con unos ojos oscuros, inyectados en sangre, que la miraban intensamente.
—¡Leonardo, suéltame!
Sombra, asustada, lo advirtió con voz temblorosa:
—¡O no me haré responsable de lo que pase!
—¿En verdad no sientes nada por mí? —Leonardo no la soltó. Su voz profunda y ronca sonaba como un dios de la noche, hipnótica y tentadora—. Sombra, solo quiero saber la verdad.
—Si realmente no sientes nada por mí, a partir de hoy dejaré de molestarte.
Ambos estaban muy cerca; Leonardo tenía la cabeza inclinada y Sombra solo necesitaba levantar un poco la barbilla para rozar su rostro.
Las largas y espesas pestañas de ella rozaron la mejilla del actor, provocando un ligero estremecimiento en el corazón de él.
La mente de Leonardo se volvió un caos total.
Tras escuchar sus palabras, el corazón de Sombra latía descontrolado y no sabía ni qué estaba pensando.
¿Que no sentía nada por él?
¡Al contrario, sentía demasiado!
—Sombra, estoy esperando tu respuesta —al ver su reacción, Leonardo se acercó un poco más. Su aliento cálido rozó el rostro de ella mientras la presionaba—: ¿Te gusto? ¿Mmm?
A Sombra le faltaba el aire. La palabra de rechazo estaba en la punta de la lengua, pero no lograba pronunciarla.
Tras unos segundos de silencio absoluto.
Apretó los dientes, se armó de valor y levantó la barbilla:
—Yo no...
Antes de que pudiera terminar, Leonardo bajó la cabeza y posó sus fríos labios sobre los de ella.
Los ojos de Sombra se abrieron de par en par, y su resistencia se desmoronó. Se quedó mirándolo fijamente, sin poder creer lo que acababa de pasar.
—¿Qué estás haciendo?

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