—¿Eh?
Al ver al hombre que de repente apareció frente a ella, Sombra se quedó con el vaso a medio camino.
Se levantó tambaleándose y caminó a tropezones hasta plantarse frente a Leonardo.
Dio varias vueltas a su alrededor, mirándolo de arriba a abajo y de izquierda a derecha.
—Ya valió, ya valió —Sombra miró a su amigo, con el rostro pálido de terror—. Creo que me dio una intoxicación por alcohol y estoy alucinando. ¡Estoy viendo a ese maldito de Leonardo!
Su amigo, de pie en el lugar, miró el rostro sombrío del recién llegado. Su expresión era un poema de confusión.
—Voy a tomar un poco de agua para despabilarme.
Sombra se dio unas palmaditas en la cabeza, agarró un vaso con agua con hielo de la mesa y se tragó la mitad de un solo trago.
Respiró hondo, reunió el valor para volver a mirar hacia la puerta y soltó un grito, retrocediendo a toda prisa.
¡¿Ese carilindo seguía ahí?!
—¡Un fantasma, un fantasma! —Sombra se tapó los ojos y empezó a arrastrar los pies hacia la salida a toda velocidad.
Leonardo apretó los labios hasta volverlos una línea fina, la agarró por el cuello de la ropa y detuvo su escape. Sus ojos, llenos de cansancio, se posaron en el confundido amigo. Su expresión era amable, pero su tono resultó gélido.
—Discúlpame, ¿podría hablar a solas con ella?
—¿Eh? —El amigo miró a la despavorida Sombra, luego miró el nombre del cantante en la pantalla del karaoke, y una mueca extraña se formó en sus labios—. Claro, hablen con calma. Yo me retiro.
—¡Oye! No te vayas... —Sombra, totalmente ebria, intentó agarrar la mano de su amigo, pero Leonardo cerró la puerta sin piedad.
Solo quedaron los dos en la habitación.
Sombra alzó la barbilla, miró a Leonardo balanceando la cabeza, y sonrió como tonta.
—Leonardo, ¿qué haces aquí?
—Vine en avión.
Leonardo la sostuvo mientras ella se tambaleaba. Estaba enojado por dentro, pero su voz sonó increíblemente suave.
—Sombra, todavía no hemos dejado las cosas claras entre nosotros.
—Oh.
Como no podía mantenerse en pie, a Sombra no le quedó más remedio que apoyarse en su pecho. Su aliento estaba cargado de un fuerte olor a alcohol.
—Hablemos de lo que quieras mañana. Me da vueltas la cabeza, quiero dormir un rato.
Apenas terminó de hablar, el cuerpo de la chica se aflojó y estuvo a punto de desplomarse en el suelo.
Leonardo se asustó, la sostuvo rápidamente entre sus brazos, la cargó estilo nupcial y salió del lugar.
Sombra empujó de golpe a Leonardo y salió corriendo a trompicones hacia el baño.
Se aferró al inodoro y empezó a vomitar sin control.
Leonardo la siguió de inmediato. Sin importarle el desastre que había en el piso, le frotó la espalda con enorme delicadeza.
—Me siento horrible. Quiero agua —murmuró Sombra, sufriendo.
—Voy.
Leonardo le acercó un vaso con agua al tiempo y le dio de beber con extremo cuidado.
—Despacio, no te vayas a atragantar.
Sombra dio un par de tragos ruidosos. Con los ojos abiertos de par en par, se quedó mirando fijamente al hombre que estaba inclinado sobre ella.
Unos segundos después...
Levantó la mano y, con la punta de los dedos, le tocó el rostro con suma precaución.
—Estás vivo.
—¿Y qué esperabas? —A Leonardo le pareció adorable verla borracha, y una sonrisa afloró en sus labios—. Si estuviera muerto, ¿podrías hablar conmigo?
—¿Por qué...? —Sombra se mordió el labio. De pronto, sus ojos se llenaron de lágrimas y su rostro mostró una mueca de profundo agravio—: Te dejé las cosas claras. ¿Por qué tuviste que venir a buscarme?

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