A las diez de la mañana.
Aldana apareció en el aula de medicina como de costumbre.
Sus compañeros la miraron, pasando del miedo y la cautela iniciales, a la confusión y la admiración.
Qué nervios de acero.
Con un escándalo de esa magnitud, ella seguía su vida como si nada.
—Giselle, ¿Aldana ya te entregó los casos médicos de la Dra. Noche?
Preguntó con curiosidad un compañero de al lado.
—Aún no.
Giselle se mordió el labio y negó con la cabeza.
La pobre Aldana estaba siendo destrozada en internet últimamente; incluso si conocía a la Dra. Noche, probablemente no tenía cabeza para buscar los casos.
Podía entenderlo.
—¿Y en serio le crees? —interrumpió Lucio Ibarra con sarcasmo mientras hojeaba un libro de medicina—. ¡Es la Dra. Noche! Ni siquiera el profe Bonifacio la ha visto en persona, ¡¿por qué rayos la conocería ella?!
—No creo que Aldana sea de las que hablan por hablar —murmuró Giselle en voz baja.
—Claro.
Lucio la miró como si fuera idiota y soltó un bufido.
—Si te consigue un caso de la Dra. Noche, yo seré...
—¿Tú serás qué?
Apenas terminó de hablar, levantó la vista y vio a Aldana parada en la puerta, mirándolo con evidente interés.
Lucio se quedó mudo mientras veía a Aldana acercarse a paso lento.
—¿Irás otra vez a la cancha a correr mientras gritas que eres tonto?
Al mencionar eso, el rostro de Lucio se puso espantosamente pálido.
Por culpa de lo que pasó la última vez, se había convertido en el hazmerreír de toda la universidad.
Incluso se había ganado un apodo: El Tonto.
—Giselle, aquí hay varios expedientes. Elige el que prefieras.
Aldana ignoró al Tonto y le entregó una carpeta a Giselle.
—Si no entiendes algo, pregúntame.
Al cumplir su misión, Aldana dejó una nota.
—Por favor, entrégale este justificante de ausencia al profe Bonifacio.
—S-sí, claro.
Pero sobre todo, sentía envidia.
¿Conocer a una cirujana legendaria? ¡¿Por qué ella tendría ese privilegio?!
—Giselle, son casos de origen dudoso, ¿de verdad te atreves a usarlos?
Lucio le devolvió los papeles y regresó a su asiento.
—No vaya a ser que te salga el tiro por la culata y arruines tus posibilidades de entrar al doctorado.
Los demás estudiantes soltaron risas nerviosas, sin atreverse a opinar.
Giselle hojeó los documentos con el ceño fruncido. No parecían falsos.
Había decidido participar en esta competencia solo para probar suerte.
Si los casos resultaban ser inválidos, lo peor que pasaría sería que anularan sus resultados.
Pero estos expedientes eran magníficos; valía la pena arriesgarse.
Giselle guardó cuidadosamente los documentos en su mochila.
Lucio se giró para mirarla, con la envidia reflejada en sus ojos oscuros.
¿Qué tenía de especial llegar a la final?
Cuando descubrieran que los expedientes no servían, a ver si seguía siendo amiga de Aldana.

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