Al terminar.
Lourdes yacía exhausta sobre el pecho de Darío, con la respiración entrecortada y finas perlas de sudor cubriéndole la espalda.
—¿A dónde fuiste a divertirte últimamente? —le preguntó él, envolviéndola con una bata.
—¡¿Todavía te atreves a preguntar?!
Recordar cómo él se había valido de Rogelio Lucero para interrumpir su noche viendo a los modelos en el club hizo que Lourdes enfureciera y le clavara los dientes en el hombro.
Aunque no le sacó sangre, dejó la marca perfecta de su mordida.
Darío ni se inmutó y la abrazó con más fuerza.
Le encantaba llevar marcas suyas en la piel.
Incluso habría preferido que mordiera más profundo para que la cicatriz durara mucho más.
Al ver que él no decía nada, Lourdes levantó la cabeza. Se quedó observando absorta las dos hileras de dientes marcadas en ese hombro ancho.
—¿Y a ti qué te importa a dónde fui?
La punzada de culpa se desvaneció al instante. Le dio la espalda y se acomodó en la cama.
—Hace poco entrevisté a un par de chicos mantenidos… tienen muy buena cara y excelente figura. Si te atreves a arruinármelo de nuevo, te las verás conmigo.
Darío rio por lo bajo.
Sabía que ella había estado ocupando todo su tiempo con Sombra y con Aldana, ¿de dónde sacaría tiempo para chicos guapos?
Pequeña mentirosa.
—Te traje un regalo —susurró él, muy cerca de su oído—. Te cargo hasta el cuarto y te lo muestro, ¿te parece?
Habían estado haciendo locuras en el baño por demasiado tiempo, podía resfriarse.
—Mjm.
Lourdes estaba agotada, así que cerró los ojos y dejó que él se encargara de todo.
***
Ya en la habitación.
Lourdes se puso una pijama limpia y se dejó el cabello suelto, secándose al natural sobre los hombros.
—Mira. ¿Te gusta? —Darío le tendió una pequeña caja.
¿Un rubí?
Era del tamaño de un huevo de paloma, de un color puro y de un brillo espectacular.
A simple vista, se notaba que costaba una fortuna.
—¿De dónde lo sacaste? —Lourdes comenzó a jugar con él en la palma de su mano.
—Lo vi en una exhibición durante el viaje y lo compré.
Darío inventó una excusa rápida, y para que no sospechara, añadió:
—Había estado invirtiendo en la bolsa y me fue bien.

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