Aldana continuó hablando con total soltura:
—¡Especialmente mi hermano Wilfredo! ¡Él es mucho más tonto que yo!
En un auto estacionado, Wilfredo, que estaba viendo la transmisión a escondidas, se señaló a sí mismo indignado.
«¿Yo?»
La multitud no sabía si reír o compadecerse de él.
¿Su hermano no era ese corredor de carreras famoso?
¿Tonto?
En ese momento, la pantalla de comentarios de la transmisión en vivo se movía tan rápido que casi no se podía leer nada.
La mayoría estaba completamente confundida.
Un periodista planteó una duda:
—Señorita Carrillo, ¿cómo explica entonces el video que se filtró en internet donde se muestra el proceso completo de la modificación genética?
—El video es real, pero la persona que fue modificada no soy yo.
Aldana los miró con frialdad y enfatizó cada palabra:
—En cuanto a quién es, no es conveniente revelarlo.
Lo más importante era que solo Mónica Solís sabía quién había recibido realmente la modificación.
Y ella no quería exponerla.
Otro reportero interrumpió:
—Nosotros no entendemos mucho de genética, pero sí entendemos un video. Señorita Carrillo, parece que oculta algo importante.
Al escuchar esto, Rogelio le lanzó una mirada que prometía mandarlo al infierno.
El reportero sintió un vuelco en el corazón.
Pero para conseguir la nota del año, tragó saliva y continuó con valentía fingida:
—Después de todo, no somos científicos, no podemos validar los datos que nos presenta.
Los demás asintieron apoyándolo.
—Siendo así, bien podría explicar de qué trata ese video.
La voz del reportero subió de volumen.
—Si la persona del video no es usted, ¿quién es entonces?
Aldana esbozó una sonrisa resignada. Había sobreestimado la inteligencia de esa gente.
—Aldi...
Sania no pudo soportarlo más, se adelantó, tomó la mano de su hija y miró a los periodistas con los ojos enrojecidos:
—Ya explicamos lo que teníamos que explicar. Tenemos la conciencia tranquila.
—¿La conciencia tranquila?
—Yo puedo demostrar que la niña del video no es Aldana Carrillo.
Todos voltearon hacia el origen de la voz.
Vieron a una mujer de unos cincuenta años, con un aspecto algo demacrado.
En el instante en que apareció, alguien la reconoció.
¿No era ella la médica que en el video manipulaba personalmente el experimento de modificación genética?
¡¿Qué hacía ahí?!
¿La Profesora Solís?
Al verla, Sania y Cornelio no pudieron ocultar su asombro.
¿No había dicho que no quería exponerse?
La gente se apartó automáticamente abriéndole paso. Mónica caminó hasta pararse frente a Aldana, con una sonrisa triste en los labios:
—Yo, la persona implicada en el asunto, testificaré personalmente. ¡Espero que eso sea suficiente para convencerlos!
Los presentes se miraron unos a otros, esperando a que continuara.
—En el video, ciertamente alguien estaba siendo sometido a una modificación genética. Pero no era Aldana Carrillo.
Si no era Aldana, ¿entonces quién?
¿Dónde estaba el monstruo que recibió la alteración genética?

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