—De acuerdo.
Casiana miró de reojo a Sania, quien parecía «furiosa» de verdad, y asintió con obediencia.
—Vamos.
Félix caminaba por delante llevando a Casiana en brazos, mientras Sania y Aldana los seguían por detrás.
Cuando se alejaron un poco, Sania se tapó la boca, se acercó a su hija y sonrió como un viejo zorro:
—¿Qué tal? ¡La actuación de mamá no estuvo nada mal, eh!
—¡Estuviste increíble!
Aldana levantó el pulgar y bromeó a propósito:
—La próxima vez, si agarras un palo de escoba, te verás aún más realista.
—No te burles de tu madre —Sania rio alegremente, le apretó la mano a su hija y luego miró la figura de Félix, quien caminaba en silencio por delante. Bajó la voz y dijo—: Anoche, la Sra. Brunilda me mostró el plan para la boda. Se nota que le han dedicado mucho esfuerzo.
Organizar una boda era algo demasiado trivial y molesto, así que a Aldana no le gustaba involucrarse.
Por lo tanto, ese asunto quedaba en manos de los adultos de ambas familias.
—Al rato llamaré a la Sra. Brunilda para darle las gracias.
—Mmm.
Sania sonrió complacida. Con una consuegra como ella, podía estar cien por ciento tranquila.
***
Dentro de la villa.
Sania y Cornelio, junto con varias de las empleadas de la casa, habían estado trabajando arduamente toda la mañana.
Habían preparado un montón de platillos.
El menú era muy variado y abarcaba los gustos de todos los presentes.
—Casiana, siéntate aquí —Sania señaló una silla.
Casiana tomó asiento.
Al ver los platillos frente a ella, sus ojos se abrieron lentamente de par en par:
—Estos son todos mis platillos favoritos. Gracias, mamá.
—No hay de qué.
Sania le sirvió un poco de comida y no olvidó agregar:
—Esta es la lista que Félix me pasó con anticipación. Es muy detallista, ¿eh? Hasta nos advirtió exactamente cuánta cebolla o cilantro debíamos ponerle a cada cosa.
—De nada —Wilfredo regresó a su asiento. Casiana miró al resto y les dio las gracias uno por uno.
Primero al famoso actor, Leonardo, cuya historia de amor había dado de qué hablar. Sus escándalos habían incendiado internet y ella misma se había desvelado incontables noches leyendo los chismes.
Vistos en persona, realmente parecían muy enamorados.
—No tienes nada que agradecer —Sombra le pasó a Casiana todos los camarones que Leonardo le había pelado a ella—. Si te gustan, come todo lo que quieras. Alguien te los está pelando, así que tienes barra libre.
—Y también a Gilda y Lourdes...
Los ojos de Casiana se llenaron de lágrimas. Estaba profundamente conmovida y su voz de agradecimiento temblaba, tratando de no llorar.
Aunque provenía de una familia rica, el calor de un hogar era algo que rara vez había experimentado desde niña.
Cuando alguien la trataba con cariño, se conmovía con facilidad.
—No seas formal, todos somos familia —Lourdes lucía un maquillaje exquisito. Los diamantes en sus uñas brillaban, al igual que la radiante sonrisa en su rostro.
Lourdes Yáñez, la Sexta.
Casiana recordaba que Félix le había dicho que el pasatiempo de Lourdes era rodearse de chicos guapos y mantenerlos.
Vaya.
Cuando escuchó eso, se quedó sin palabras, incluso un poco admirada.

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