Rogelio casi nunca prestaba atención a los chismes de internet ni a las noticias de entretenimiento.
No tenía idea de qué telenovela era esa, mucho menos conocía los diálogos.
Se volvió a mirar a Iván y Eliseo.
Los hermanos cruzaron miradas y negaron con la cabeza al unísono.
Al estar siempre junto a su jefe, solo consumían noticias de economía y finanzas.
—Te daré una pista, las primeras palabras son: «¡Vengo a denunciar...»
Después de todo, como había recibido dos generosos regalos, Sombra tampoco quería ponérselo imposible.
Rogelio se quedó mudo.
Aunque le diera tres palabras más de pista, seguiría sin tener idea.
***
Mientras tanto.
Arriba, en la habitación de la novia.
Aldana, ataviada con un hermoso vestido de novia con bordados tradicionales, estaba sentada en el sofá, con las piernas cruzadas.
Comía trozos de sandía mientras no le quitaba el ojo de encima al hombre apurado que aparecía en la pantalla de su celular.
Su expresión era relajada y cómoda.
Más que la novia, parecía una espectadora profesional disfrutando del chisme.
Sí.
Disfrutando del sufrimiento de su inminente esposo.
—Ese tipo de telenovelas solo las vemos nosotros, ¿de dónde va a sacar la respuesta el Sr. Rogelio?
Galileo casi se ahoga de la risa.
—Alda, solicito permiso para responder en su lugar.
Aldana lo fulminó con la mirada.
—Ni lo intentes, no te hagas el héroe.
—Sombra sí que sabe cómo jugar —Lourdes curvó sus labios rojos, elogiando la situación—. Miren la cara del viejo zorro, normalmente tiene respuesta para todo y hoy no puede soltar ni una sola palabra.
—Nunca lo había visto tan desorientado. Ni siquiera cuando firma contratos de miles de millones se le nota tan nervioso, ¿verdad?
—¡Jajajaja, esto es demasiado divertido!
Aldana entrecerró los ojos ligeramente y las comisuras de su boca se elevaron.
Ella tampoco lo había visto nunca así.
***
En la entrada.
Al ver que Rogelio realmente no podía responder, Sombra no tuvo más remedio que darle una pequeña ventaja.
—Se te permite pedir ayuda a tu equipo.
Con los brazos cruzados sobre el pecho, lo miraba fijamente.
—Buenos días, cuñado.
—Buenos días, Lourdes. —A Rogelio se le heló la sangre.
Esta Srta. Yáñez iba a ser mucho más difícil de manejar que Sombra y su actitud impulsiva.
—Veo que Sombra te la dejó fácil —Lourdes lo examinó de pies a cabeza, con una sonrisa que no le llegaba a los ojos—. Yo tengo energía y métodos de sobra, no seré tan fácil de engañar.
—Comprendo.
Rogelio mostró una actitud impecable y sonrió suavemente.
—Cualquier método que tengas, por favor, adelante.
—Mi prueba es muy sencilla: un rompecabezas.
Mientras hablaba, Lourdes sacó de sus bolsillos un montón de recortes con pedazos de rostros.
Solo de labios rojos había más de una docena, por no hablar de narices y ojos.
—Tienes cinco minutos para armar el rostro completo de Aldana con estas fotos. Si lo logras, pasas.
Lourdes sonaba sumamente confiada, sin prisa alguna.
—Pero si fallas...
—No voy a fallar —la interrumpió Rogelio, con voz grave—. Podemos empezar.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Más que una niña: La rebelde y su protector